
»Por Riki Musso
El entretenimiento puede ser proporcionado por un amplio abanico de factores. Es curioso cómo se puede pasar de un estado entretenido al aburrimiento sin siquiera notarlo.
Los pensamientos obedecen -eso creemos nosotros- a nuestras directivas. La conciencia toma las riendas y lleva el pensar por caminos que nosotros decidimos. Pero lo cierto es que ante el menor descuido, ellos declaran la independencia, dejándonos a nosotros como meros espectadores de un guión desarrollado a nuestras espaldas.
Algunas personas mantienen, en sus hogares, televisores y radios encendidas en varias habitaciones a la vez para no escuchar estos pensamientos y así no tener que aceptar la derrota de no poder controlarlos. Otras personas se obsesionan tanto en permanecer al mando, que no duermen o no pueden comunicarse con el exterior.
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»Por Natalia Mardero
Me doy cuenta que estoy vieja porque todavía no entiendo el fenómeno High School Musical / Es un bodrio / Entonces vos también estás por fuera del fenómeno / ¿Pero cuál es, realmente? Las canciones y las coreografías no tienen nada en particular / Lo que pasa es que vos creciste imitando los pasitos de Footloose /
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»Por Goergina Torello
Si escribo “un enemigo del pueblo hoy” y no me dan una variante del doctor y sus bacterias, de la burguesía enriquecida o de la corrupción de la clase política, pero me llenan de historias autorreferenciales sobre traumas infantiles estoy, casi seguro, frente a una Sopa instantánea.
Este espectáculo de improvisación, aunque parece ir perdiendo actores -fueron siete, seis y ahora son cinco- vuelve luego de tres temporadas y ahora se presenta en el Old’Maz. Y si la permanencia y el completo de la sala el viernes pasado lo convierten, mecánicamente, en un clásico de la cartelera montevideana, su versión algo indómita de las técnicas fijadas por el género merecen al menos dos palabras, o para ser más exactos 438.
Tanta agua pasó desde que Viola Spolin promovió en los años ‘40 un teatro más vinculado al juego y que Keith Johnstone entendió que los ensayos eran más entretenidos que las funciones, que el puente parece haberse desvirtuado. En su Teatro deportivo Johnstone impuso las reglas del deporte al teatro: dividió a los actores en grupos e incitándolos a actuar no ya con un texto establecido -pongamos, de Ibsen- sino escuchando y cumpliendo las sugerencias del público, aprendieron a competir por los puntos de los jueces-árbitros, para luego ser aprobados o no por los espectadores.
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»Por Flavio Lira
Ya han pasado casi doce años desde que Wes Craven y Kevin Williamson revitalizaron algo que no estaba en el borde de la muerte, sino clínicamente muerto. Como el líquido de Re-animator, y a través de la constante autoconciencia, Scream lograba resucitar y generar una reflexión sobre el estado del cine de terror.
La novedad de este film -y parcialmente de las secuelas que le siguieron- no era particularmente nueva. El mismo Craven había hecho un poco de lo mismo en La nueva pesadilla, cuando mostraba cómo Freddy Krugger dejaba de ser un monstruo fílmico para convertirse en uno real, y basaba su ingeniosa idea en asumir que ya no era posible volver a la supuesta inocencia. Es decir, era un típico producto de los noventa.
No mucho pasó desde entonces. O mejor dicho, pasó bastante, pero nada realmente muy notable.
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»Por Enrique Aguerre
No todas las obras seleccionadas en el último Salón Municipal ocupan un lugar claramente delimitado. Algunas se derraman, eligen dialogar con sus pares –siempre en voz baja, como en secreto- a partir de proximidades contaminantes.
Es el caso de la serie Proceso de Legitimación del Espacio Urbano (Homenaje a Gustavo Alonso) de Gerardo Podhajny. Son cincuenta y siete piezas -llamadas bichitos por el autor en www.fotolog.com/croquetas- que obligan a desplazarse por la sala del Subte buscando su ubicación, para una vez localizadas acercarnos lo máximo posible y disfrutar de sus ocurrentes configuraciones. En el fotolog antes citado se denuncia el robo de un par de piezas/bichitos. Y es que resulta verdaderamente tentador llevarse alguna –con la que más te enganches- máxime si como dijo el propio Podhajny en la reunión abierta con el público, en la que participaron los responsables de todos los proyectos seleccionados, que no solamente no le molesta sino que lo ve con simpatía.
De todas formas esta columna saldrá publicada cuando la exposición del Salón Minicipal 2007 ya no esté en el Subte… así que no será posible catalogarla de apología al delito.

»Por Andrea Blanqué
Un tal veneno
Los jurados de los principales concursos literarios argentinos están buscando gente nueva. Y la encuentran. El Premio Emecé 2006 fue para un autor de menos de 40 años, poeta y colaborador de revistas a mitad de camino entre lo under y lo tradicional cultural como V de Vian. La novela con que triunfó en este importante concurso Ariel Bermani se llama Veneno y rezuma sustancias tóxicas por todas partes.
El protagonista es un alcohólico, un hombre que desde joven bebe desaforadamente y se duerme entre sus propios vómitos. Pero enamora sistemáticamente mujeres, a pesar de su ojo desviado a lo Kirchner, y de su mala leche. Las esposas son abandonadas, claro está: la primera por parir un bebé discapacitado, la segunda por parir demasiados bebés.
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»Por Damián González Bertolino
Hace un tiempo un amigo vino a pasar unos días a mi casa. Cuando llegó el día del regreso, unas horas antes emprender la vuelta y con varias horas de viaje por delante, me pidió que le recomendara algo para leer. Saqué de la biblioteca El palacio de la Luna, de Paul Auster.
En la lectura de esa novela se instala ese fenómeno precioso que consiste en suspender la sensación, la conciencia de que se está leyendo, de que se está practicando ese acto. Varios días después, cuando mi amigo terminó la novela, intercambiamos algunos mails en los que comentábamos lo hermoso que es saber que a uno lo está esperando en su casa una buena historia encerrada en un libro. Pero luego las charlas derivaron, más allá de libros puntuales, hacia qué autores han sido -en nuestras historias como lectores- aquellos que más han logrado ese efecto.
El inglés Herbert George Wells es uno de ellos. Nació en un pequeño sitio del condado de Kent, llamado Bromley, en el año 1866. Su obra narrativa es bastante extensa y pueden notarse en ella dos vertientes bien diferenciadas: una predominantemente realista, a la que se dedicó en su madurez literaria, y otra anterior, por la que quizás sea mucho más conocido, que es la de las obras de anticipación, esas que para muchos críticos preparan, junto con algunas novelas y relatos de Verne, la llegada de la ciencia-ficción.
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»Por Nicolás Fervenza
En la apabullante calamarización que sufre desde hace algunos años el rock argentino, no sorprende que el propio Andrés Calamaro haya editado dos discos en menos de un año. Después del autocomplaciente y olvidable El palacio de la flores, le sigue La lengua popular, su más reciente creación.
El asunto es sencillo: a esta altura de la carrera de Andrés no hay que pedirle que sorprenda, sino que siga afinando la puntería, que sea cada vez un “mejor Calamaro”. Da la impresión de que su obra estuviera signada por la búsqueda de la canción perfecta, cosa que ha logrado en más de una oportunidad. Por lo tanto, decir que La lengua popular es un típico disco de Calamaro, es lo mismo que afirmar que reaparecen sus características más atractivas y singulares como creador e intérprete. Irrespetuosos y encantadores cruces de género (“Cinco minutos más”, “Cada una de tus cosas”), elegantes canciones de cancha (“Los chicos”, “Comedor piquetero”), y ese típico rock-canción que vienen tratando de imitar, hace años, unos quinientos grupos argentinos (“Mi gin tonic”). Demuestra además que está intacto el poético juego de palabras, autorreferencial, irónico y relajado, como el de la canción “Cinco Minutos más”: “…mi sierra eléctrica no cierra los feriados”.
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»Por Sebastián Auyanet
Por más que a Fernando Santullo (ex L. Mental) no le parezca, su regreso a la escena musical es una de las noticias del año. El disco solista de la voz de Peyote, producido por Juan Campodónico, se editará bajo el formato “Bajofondo presenta” en los primeros meses de 2008, pero su rapeo aparece como invitado en Mar dulce.
Fernando Santullo vive en España y sin demasiado ánimo de volver a Uruguay. Trabaja como editor de noticias de música para nuevas plataformas tecnológicas en una empresa de Barcelona. Su conexión con el Uruguay es más esporádica de lo que parece y su andadura con Kato, su anterior proyecto, más fructífera de lo que algún desinformado puede pensar.
Textual de su primer mail: “En 2004 sacamos el disco en Uruguay con Bizarro, pero seguimos tocando por acá. Teloneamos a artistas tan dispares como Napalm Death y Everlast. Un promotor que nos había llevado a tocar con Attaque 77 nos preguntó si nos animábamos a abrir un show de Anthrax. Le dijimos que sí y tocamos a grito pelado la parte más dura de nuestro repertorio. Igual, y a pesar de todo nuestro ruido, terminamos pareciendo la Madre Teresa. Y cuando bajamos vino John Bush, que escuchó todo nuestro show el costado del escenario, y nos felicitó. Para mí fue el sueño del pibe”.
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