Porteños premiados
»Por Andrea Blanqué
Un tal veneno
Los jurados de los principales concursos literarios argentinos están buscando gente nueva. Y la encuentran. El Premio Emecé 2006 fue para un autor de menos de 40 años, poeta y colaborador de revistas a mitad de camino entre lo under y lo tradicional cultural como V de Vian. La novela con que triunfó en este importante concurso Ariel Bermani se llama Veneno y rezuma sustancias tóxicas por todas partes.
El protagonista es un alcohólico, un hombre que desde joven bebe desaforadamente y se duerme entre sus propios vómitos. Pero enamora sistemáticamente mujeres, a pesar de su ojo desviado a lo Kirchner, y de su mala leche. Las esposas son abandonadas, claro está: la primera por parir un bebé discapacitado, la segunda por parir demasiados bebés.
Veneno, que es el seudónimo del protagonista, busca la redención en un viejo amor de la juventud, más que amor, una fantasía que reencuentra flaca y canosa en un colectivo. A punto de ser liquidado por el marido de esta, Veneno salva el pellejo. Y su vida sigue su curso de alcohol, tabaco, porros y polvos. Es tan mal tipo que produce náuseas. Y sin embargo la novela se lee de parte de él, como si los lectores fuéramos sus ángeles de la guarda.
Escrita en un estilo directo y duro, y ambientada en las periferias de Buenos Aires, más allá de Lomas de Zamora, es una imagen de la Argentina pesada que vale la pena conocer.
Veneno, de Ariel Bermani, Emecé, Buenos Aires, 225 pág.
Hija sin padre
Otro premio gordo –el Clarín Alfaguara de novela 2006- se lo llevó una chica de la provincia que ahora estudia en Estados Unidos. Trata de una hija que a partir de una escultura hecha por su padre muerto –un escultor de poca monta- descubre una madeja de amantes y perversiones de su progenitor.
Es muy disfrutable descubrir a través de los ojos azorados de la hija los errores y vicios de toda una generación -¡los Sixty!- idolatrados durante mucho tiempo por considerarlos “progres” y jugados políticos: aquellos que leían y subrayaban la sobredimensionada novela Rayuela, de Cortázar.
La chica se aboca a dialogar con las ex amantes de su padre, que cada una da una versión distinta, sin declarar que es la hija, sino una simple escritora que redactará un libro titulado “Artistas argentinos desconocidos”.
Y a través de esta búsqueda que realiza esta chica se percibe el perfil también de una generación de jóvenes abandonados por sus padres, con familias desintegradas y superpuestas que sin embargo van intentando reconstruir su pasado, de dónde vienen y quiénes son.
Arte menor, de Betina González, Agea, Agata-Ute, Buenos Aires, 181 pág.

