Problemas globales, soluciones locales
»Por Leonard Mattioli
El poder de quienes niegan el efecto de invernadero –sobre todo personajes relacionados a la industria petrolera y representantes de la derecha más fanática- ha provocado el fracaso del llamado Protocolo de Kyoto, un acuerdo en el cual los países firmantes se comprometen a intentar disminuir la cantidad de emisiones de dióxido de carbono a la atmósfera.
La razón principal de que este acuerdo no haya logrado salir airoso es que el gobierno de Bush Jr. se ha negado enfáticamente a regular las emisiones de la industria estadounidense, y solo ese país representa el 25% de co2 que termina en la atmósfera. Pero más allá del tratado de Kyoto, y del necesario ahorro energético, el cambio de una matriz basada en los combustibles fósiles -carbón, petróleo y gas natural- es uno de los pilares de cualquier intento de abordar este problema. Se conocen algunas opciones, que se barajan también en nuestro país.
1) La cara y peligrosa energía nuclear. En los últimos meses se asiste a una gran ofensiva mediática encabezada por el diario El País, para que esta forma de producción energética sea vista como segura, limpia e interesante. Desde la esfera política, gente como Fernández Huidobro se manifiesta claramente a favor. Un proyecto que permita la utilización de dicha energía está preparándose. Sin embargo, los costes de construcción de una planta, la cantidad de recursos que hay que movilizar para producir, más los necesarios para almacenar sus residuos -residuos que heredarán las generaciones futuras- echan por tierra cualquier planteo sobre “energía limpia”.
2) Otra alternativa y quizás la que se muestra como la “más efectiva”, es la de los biocombustibles. Según el premio Nobel de química Hartmut Michel, quemar selva para producir soja -como se está haciendo en Brasil, Indonesia, Malasia o África- libera una cantidad enorme de dióxido de carbono a la atmósfera. Los biocombustibles no contribuyen a la reducción de las emisiones contaminantes y su implantación implica fenómenos ambientales graves, como la deforestación de la selva amazónica.
3) Otras dos tecnologías que sí representan una alternativa viable -la energía solar y la eólica- tienen en común el problema de que los rendimientos de ambas no pueden absorber el aumento del consumo energético.
El problema es grande. Las soluciones no son mágicas, y es probable que se aventuren soluciones pequeñas y mixtas. Lo cierto es que en la búsquedas de “nuevas tecnologías” energéticas está la clave para que este planeta continúe siendo tan habitable cuando nos vayamos como lo era cuando llegamos.

