Manual de supervivencia para artistas (II)
»Por Patricia Turnes
Seguimos con la lista. La idea es aprender de los genios que nos precedieron, que a los golpes o como fuera hicieron su experiencia y algunos sobrevivieron para contarla.
ENCUENTRA UN BUEN MAESTRO… ¡SÍGUELO! _ Lo hizo Mishima con Kawabata. Si leemos la correspondencia entre los escritores japoneses, enseguida notamos que Mishima se pasa quejando de su situación y Kawabata –que ya es un escritor consagrado- hace lo posible para mitigar los posibles pesares y obstáculos de su discípulo. Le hace favores, lo aconseja, le facilita la vida. La tradición dice que el maestro llega cuando el discípulo está preparado. El maestro no tiene por qué estar vivo. John Cheever leyó Madame Bovary unas veinticinco veces y se refería a la novela de Flaubert como su Yale College y su Harvard.
MUSO/A INSPIRADOR/A _ El amor y el entusiasmo que nos despierta otro puede ser el motor de nuestra creación. No importa si es un amor, un ex, un perro, un amigo. Lo que importa es que nos haga producir, que su energía sea contagiosa. Dalí encontró a Gala. Ella era indispensable para él, lo ayudó a concebir imágenes, a seleccionar las más fuertes. Al principio le dio el empuje comercial que él necesitaba: ella misma iba con un catálogo de sus obras y las ofrecía para la venta. Salvador Dalí decía de su musa: “Gracias a ella puedo fabricar mi elíxir, mi gozo y la sustancia de la fuerza que me permiten vencerme y dominar el mundo”. Pero Gala no fue musa exclusiva: lo fue también para Éluard, Picasso, Ernst y Breton, a quienes hizo soñar despiertos y… ¡producir!
SPONSORS _ ¡Siempre bienvenidos! En 1931, cuando Anaïs Nin y Henry Miller se conocieron, ella era la aburrida esposa de un banquero americano y él un escritor desconocido. Si bien la relación se basó en la mutua admiración, en la pasión por la escritura y el sexo salvaje, a menudo ella le daba dinero y pagaba sus gastos. “Se lo debo todo”, reconoció Henry Miller.
NADA DE TÉRMINOS MEDIOS _ El arte es un asunto de vida o muerte. Mi consejo es: “¡Matate!” o “¡No te mates todavía!”, pero ¡por favor! no hagas las cosas a medias ni te quejes. En el caso primero ¡hacelo a lo grande!, como Hendrix y Cobain, o sea, asegurate de que tu obra ya está completa, de que sos una estrella y vas a brillar en el firmamento. En el caso segundo, trazate un plan A, uno B y uno C. Tratá de que alguno de ellos prospere. Leonard Cohen escribió: “No me suicidé/ cuando las cosas fueron mal/ No me volqué/ a las drogas o a enseñar/ Traté de dormir/ pero cuando no pude dormir/ aprendí a escribir/ aprendí a escribir/ lo que podría ser leído/ en noches como ésta/ por alguien como yo”.
¡HAZLO TÚ MISMO! _ Virginia Wolf ya era punk. Sabía que si no lo hacía ella no lo haría nadie. Supo asegurarse de que su obra pasara a la posteridad. Las reuniones del círculo literario de Bloomsbury eran los jueves por la tarde. Las promovían ella, su hermana Vanesa y su marido Leonard. Allí se juntaban jóvenes que tenían afinidades entre sí, tanto culturales como vitales. En las tertulias se impulsaban el arte, la amistad e incluso se concretaron algunas relaciones amorosas. En este ambiente desprejuiciado y sexualmente liberal florecieron talentos como los de K. Mansfield, Forster, T.S. Elliot, G. Stein y H.G. Wells. Virginia y Leonard impulsaron la obra de sus amigos y descubrieron nuevos talentos a través de la editorial Hogarth Press, que crearon en 1917.
RETIRARSE A TIEMPO Y EN FORMA _ Lo hizo Salinger, en el momento en que mejor le iba. Escribió sus libros, tuvo éxito, lo consideraron un genio. Él se borró, desapareció como una gran diva en el esplendor de su carrera. Algunos dicen que se dedicó a su familia, otros que es un ermitaño que practica el budismo. Como sea, su decisión fue muy sabia.

