Hombres-planta
»Por Kira
Simplemente están ahí. Fijos. Estáticos. Inmóviles. Exactamente en el mismo lugar. Tanto que comienzan a formar parte del decorado. Un objeto más de la escenografía, del paisaje cotidiano. Tienen siempre la misma cara, la misma mirada. Nunca sabemos si están contentos o tristes, si algo les gusta o no, si son felices o si sufren, si quieren o si odian, porque ellos no sienten, no vibran con la vida, no expresan, no exteriorizan, no demuestran nada.
Nacen y crecen hasta determinada edad, como si se congelaran para el resto de sus vidas. A veces, cuando una mujer se les acerca demasiado, auto-presionan un botón que les permite hablar y dicen que ellos “no pueden querer, que no nacieron preparados para los compromisos y que no quieren lastimarte”.
Ese ausentismo, esa indiferencia ante el mundo, el hecho de que nada los alcance, que se mantengan lejos y distantes sin lograr involucrarse, hace que llamen poderosamente mi atención. Y es por esa razón que me acerco a ellos, que una y otra vez me enganche con tipos de estos.
Y como no los quiero, como solo me despiertan curiosidad, se me tornan un capricho, un gusto que tengo ganas de darme. ¿No será esta la causa de una “enfermedad” mía, personal, o de un “trauma” que nunca curé? ¿O que el motivo esté en mis ganas de jugar a la psicóloga? No lo sé. Pero al final de cuentas, por más que me resista cada vez con más intensidad, vuelvo a caer en las redes -misteriosas, indescriptibles e indescifrables- de estos hombres.
Sospecho que me gustan porque intentar conocerlos es como jugar a un cine mudo eterno, con la diferencia de que como ellos no hacen ni siquiera gestos, lo único que tengo para adivinar es un silencio inmenso. Ese silencio refleja el miedo que tienen. Uno de esos miedos lo pueden confesar: sienten que todas las mujeres que los rodean se pueden confundir con ellos, quererlos, involucrarse sentimentalmente. Y ellos no pueden dejar que eso ocurra. Piensan que son hermosos, divinos, que destilan hombría y belleza por todos los poros, que son hombres que a su paso van dejando mujeres “desmayadas de amor”. Lo extraño, lo contradictorio, es que para esas mujeres no existen. Ellas piensan que son bichos raros que lejos están de ser interesantes por la intriga que encierran.
Al final de cuentas, de la contradicción que hay entre la imagen que ellos creen vender y lo que ellas compran me surge siempre la misma duda: ¿será que se comportan como plantas para que nada los lastime, a ellos? ¿No tienen miedo de que sea demasiado tarde y hayan dejado pasar a su mujer-planta?

