Café con espuma

»Por Martín Mazzella

Sigo viajando. Mi antiguo helecho ya no me abriga por las noches. Ahora estoy solo. Estoy mejor. Eso creo.

_Pase por acá. Enseguida lo atienden.

_Muchas gracias, señorita. ¿Me trae un café mientras espero?

_¿Lo quiere en taza o con embudo?

_Mi madre lo hacía con espumita…

_Déjeme ver… Mmm… No.

_¿Cómo que no?

_Acabo de hablar con su madre y ella me confirma que nunca se lo hizo con espumita, como usted afirma.

_¡No le crea! ¡Ella miente! ¡Exijo una segundo opinión!

_¿Quiere que llame a su hermano?

_¡No tengo hermanos!… Tráigame el café, mejor. Y con una buena espumita.

_Lamentablemente no puedo hacer diferencias, y menos ante alguien que miente sobre la espumita del café que le hacía su madre
.
_Entonces tráigame el café con espumita o me voy a vivir con papá.

_Claro. Espere que ya lo atienden.

_Bueno, pero que sea rápido… ¡Estúpida!

_¿Cómo dijo?

_Perdón, perdí la cabeza. Es que usted no me quiso traer la espumita y…

_¡Guardias! ¡Arréstenlo!

_No, pará. Aprendé a perdonar, Espumita.

_No me diga Espumita, que no lo conozco.

_No se enoje, señora… El hombre trata de ser cariñoso. ¿Y si se dan un besito y arreglan las cosas?

_¡Oficial! ¿Se va a poner de su lado?

_Vamos, Doña Espuma, no se haga la nunca vista.

_Sí… ¡No se haga!

_Cállese. Sabemos muy bien quién es.

_¡No me diga! ¿Acaso descubrió que soy un personaje de una columna de revista?

_No, no era eso, pero ahora me cierran un montón de cosas.

_Ehh… ¿entonces seguimos con el guión? Porque no creo que a ningún lector le puedan interesar nuestras cavilaciones, de lo contrario pondrían una columna con ese nombre.

_¡Aquí estoy!

_¿Espumita? ¿Sos vos?

_Sí, quería decirte que lo estuve pensando, y vos no te merecías el mal momento que te hice pasar.

_La verdad que no.

_Fijate que lo único que querías era un café con espumita y…

_Eso, café, espumita, nada más.

_… y por todas esas cosas vine a decirte que te amo.

_¿Me amas?

_Sí, te amo, y quiero vivir contigo, quiero gritarle al mundo nuestro amor… Prepararte café con espumita todas las mañanas.

En ese instante pasaron muchas cosas por mi cabeza. Por fin lo había logrado. Había encontrado una mujer dispuesta a cuidarme, a prepararme el café con espumita que tanto quería. Por fin sería totalmente feliz. Fue así que empecé a correr lo mas rápido que pude. Nunca más la volvería a ver.

feed | Escrito por: admin
Dejá tu comentario


revista
La tapa
Busqueda
Anunciamos