I see dead people

»Por Ignacion Quartino

Dieciséis cuerpos humanos y un par de cientos de órganos, tratados con polímero, conforman la impactante exhibición Bodies: The exhibition, que puede verse en Buenos Aires. La muestra genera polémica. Y conciencia.

Hace dos años que vivo en Buenos Aires. Muy rápidamente entendí por qué tiene bien ganado el mote de “ciudad del mundo”. Más allá de los grandes problemas sociales y económicos que la afectan, es referencia y fuente de inspiración de los principales artistas del mundo. Sin ir más lejos, cuando el trío británico The Police anunció el regreso a los escenarios con su gira mundial, fijó fecha en Buenos Aires.

Con la instalación de Bodies: the exhibition (Cuerpos: La exhibición) pasa algo similar. Esta exposición, que tiene como fin mostrar el interior de nosotros, los seres humanos, en diferentes etapas de la vida y distintas circunstancias de la misma, está en boga en Estados Unidos y en varios países de Europa. No podía faltar en Buenos Aires. Es la misma que conmovió a la opinión pública de varios países del hemisferio norte y generó un áspero debate sobre si mostrar o no los cuerpos y órganos provenientes de China.

Debate porteño

Defensores y detractores debaten ahora en Argentina sobre si es una idea polémica que genera curiosidad, un negocio millonario o simplemente una muestra éticamente condenable.

Desde que Abasto Shopping anunció la llegada de la muestra en agosto pasado, hasta finales de este mes de octubre, miles de personas pagarán 30 pesos argentinos (unos 10 dólares) con el objetivo de quitarse la curiosidad y hacer un curso acelerado de anatomía, similar al que hacen estudiantes de medicina. Este es el espíritu con el que interpreta la muestra Eduardo Raimondi, de la Fundación Favaloro.

Raimondi aclaró que esta exposición es posible porque los cuerpos y órganos exhibidos pertenecen a personas que los donaron en vida, y eso lo exime de cualquier condena ética. En la exhibición, los cadáveres aparentan estar en su estado natural gracias a una técnica de preservación con polímero. A diferencia del formol, esta sustancia permite visualizar detalles casi imperceptibles de la anatomía humana.

Objetivo pedagógico

La muestra evita dañar sensibilidades y tiene un fin pedagógico, que le ha permitido sobreponerse a las voces discordantes que condenaron la exhibición. Una prueba de la fuerte aprobación está en el último tramo de la muestra, reservada para los visitantes. Grandes folios con hojas en blanco invitan a dejar un comentario sobre lo visto, y la mayoría de los asistentes quiere escribir algo antes de irse.

Letras escolares explicitan que la mayoría de los niños visitantes se fueron de la muestra felices por haber conocido su propio cuerpo. Otros no ocultaron sus ganas de vomitar cuando leyeron la composición del cerebro y el funcionamiento del aparato digestivo. Los más osados, en cambio, pidieron que en la próxima exhibición permitieran al público tocar los cuerpos con la mano.
Ahora bien, ¿la muestra es una lección de anatomía o una forma de expresar arte? Los curadores entienden que subyace un espíritu artístico, inspirado en las obras renacentistas que el gran Leonardo Da Vinci hizo a partir del estudio del cuerpo.

De todas formas, la estrategia de comunicación de Bodies es concientizar a los visitantes que “ver” el interior del cuerpo humano “es saber”. Y esto no sólo lo sostienen los promotores de la exhibición. Así lo entendieron los griegos, egipcios y romanos miles de años antes que nosotros. Ver un cuerpo humano es el abecé de la medicina. El adn de la humanidad.

Lo que consumimos

En la recorrida por Bodies the exhibition, los visitantes se topan con un pulmón ennegrecido por el consumo de tabaco y un hígado mal aspectado producto del excesivo consumo de alcohol y drogas. El desafío es que estos dos órganos que se exponen en una vitrina -como en una obra del Louvre-, sean capaces de cambiar el comportamiento de aquellas personas que no miden las consecuencias de tener una vida desorganizada. Para que el mensaje quede más claro todavía, entre estos dos órganos hay una enorme caja de acrílico que invita a fumadores a arrojar su caja de cigarrillos. Después de un mes de iniciada la muestra, la caja no está llena. Sin embargo, hay unos cuantos atados rotos arrojados por fumadores que tomaron conciencia.

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