Antonella de Ambroggi
»Por Enrique Aguerre
La muestra de Antonella De Ambroggi (1983) en el Molino de Pérez no era estrictamente una exposición de fotografías. Y no porque incluyera video, por ejemplo, sino por el hecho de configurar una instalación, pensada para el Molino como sitio específico.
Otro punto de altísimo interés en la propuesta de Antonella es la forma en que son concebidas las imágenes: Antonella hace circular su cámara digital de 5.0 píxeles entre sus amigos –los cuales son en su mayoría artistas cordobeses- para que también ellos sean productores de imágenes y no solamente aquellos “que aparecen en la foto”. Toda la muestra está integrada por amigos sin que haya pose alguna, ya que Antonella aclara que “detesta guiar la foto”.
John Berger escribió en un pequeño ensayo titulado La imagen cambiante del hombre en el retrato (1969): “Ya no podemos aceptar que pueda establecerse adecuadamente la identidad de un hombre preservando y fijando su apariencia desde un solo punto de vista, y en un solo lugar (…)”. La caleidoscópica visión de Antonella, asistida colaborativamente por sus amigos, confirma la hipótesis de Berger con respecto al retrato pictórico y a lo que el crítico inglés insinuaba como válido para la fotografía hace casi cuarenta años atrás.

