Clásico y contemporáneo

»Por Flavio Lira

Hay un malentendido con Aki Kaurismäki, y es que su nombre se liga inexorablemente al de Jim Jarmusch. Como que el cineasta finlandés representa la consolidación de algo que Wim Wenders venía intentando desde tiempo atrás, canalizando una fuerte obsesión por Nicholas Ray (compartida también por Jarmusch y Kaurismäki, por cierto). En pocas palabras: encarnarse en una figura de culto.

Jarmusch, llegado el caso, entra en una categoría extra-cinematográfica, lo cual lo acerca más a una estrella de rock (o de art-rock, por poner un término increíblemente en desuso), habitante de la más alta alcurnia a la cual su pertinencia bohemia puede aspirar. Es decir, nunca llegarán a ser famosos -al menos en el sentido parishiltoniano-, pero definitivamente van a ser un objeto deseado y (nuevamente) de culto. Si bien Kaurismäki comparte la obsesión por el cine noir clase B de los cuarenta, y por lo tanto su reivindicación de ciertos directores -Fuller, Ulmer, el ya mancionado Ray- el cine del finlandés es más cercano a Fassbinder que a cualquier otro representante de la primera posmodernidad cinematográfica. Y en ese sentido, su último film Luces en el atardecer es posiblemente su obra más fassbinderiana.

La película narra la desventura de Koistinien, un empleado de seguridad nocturno, que es diversamente usado por una femme fatale para que le dé su código de seguridad, y así poder robar unas joyas. Luego es culpado de ese robo y debe ir a prisión. Cuando sale de la cárcel, todavía le quedan unas cuantas penurias por vivir. La trama, así contada, no se diferencia demasiado de algún melodrama policial, pero justamente, a partir de estos materiales a primera vista espurios, Kaurismäki logra un film casi perfecto.

Otro dato más: dicho argumento se vincula con una de las películas más clásicas de Fassbinder, como lo es La ley del más fuerte, aunque se disparen otras connotaciones que lo acercan y lo alejan de posibles comparaciones.

1. Los personajes son descastados sociales. Pero la crítica social, si bien aguda, no es subrayada ni indulgente como puede ser en un film de Ken Loach. Kaurismäki juega con escenas que dan su visión desencantada y oscura, pero que contribuyen más al dibujo de personajes que a una especie de propaganda política.

2. Los momentos dramáticos son distanciados, lo cual implica alejarse de los golpes bajos y el efectismo barato, y también, por la vía de la desesperación que provoca la pasividad de Koistinien, todo se vuelve aún más trágico. Los actores son económicos en gestos y miradas, pero nunca sobreactúan ni quedan ridículos en su contexto.

3. Hay un elemento siempre presente en los films de Kaurismäki: la acción representada a través de la inacción. Es decir, vemos el preámbulo y su consecuencia, pero no a la acción en sí misma. Este recurso está usado en el film para mostrar las diferentes golpizas que recibe el protagonista.

4. Las puestas en escena de Fassbinder y Kaurismäki no están demasiado alejadas entre sí. Y no sólo por la tendencia en ambos de reencuadrar a sus personajes a través de diferentes marcos de puertas y ventanas. El mundo de ambos directores es estilizado y barroco, casi atemporal, y los encuadres y movimientos de los actores están completamente coreografiados hasta el hartazgo. Pero esto no atenta contra la naturalidad. Es un cine hecho de una extraña contradicción, pero que no llega a chocar nunca consigo mismo, sino que más bien se complementa.

6. En lo que sí se diferencian ambos directores es que Kaurismäki, al contrario de Fassbinder, no parece muy interesado en el desborde melodramático y prefiere ir a una substracción casi heredada del cine mudo. Las escenas son siempre las necesarias. El uso que hace el director de la elipsis es perfecta, y ese mismo recurso narrativo es aplicado a los diálogos, alejándose del psicologismo barato que se tiende a ver últimamente en el cine europeo. Pero, si así descrito parecería que Kaurismäki es un director rabiosamente clásico, no lo es. Es rabiosamente moderno. Otra vez la contradicción. Incluso en sus películas menores, siempre hay nuevas formas de lenguaje, algo que lo acerca a Godard (primer director en posicionarse como referencia de culto y de vanguardia al mismo tiempo).

7. Otra cosa que Kaurismäki no comparte con Fassbinder es su visión del mundo. O que al menos no comparte del todo. Kaurismäki también piensa que vivimos en el infierno. Pero hay espacios humanos y gente que puede solidarizarse con el otro. Las relaciones entre personas son de dominio. Pero hay algunos seres que pueden ayudar, sin ser condescendientes ni pedir algo a cambio. Que alguien muestre esto sin caer en lugares comunes y en mensajes ambiguos es la mejor cosa que le puede pasar al cine en estos momentos.

Cinco estrellas

Dado que el año ha sido poco misericorde, recomiendo una de las cosas que más feliz me han hecho en los últimos años: Adult Swim. Humor destructivo y descerebrado. Algunos pueden pensar que es estupidez pura y sin sentido, pero aquellos que les guste lo absurdo, lo caótico y lo virulento, pueden darse una buena panzada. Es verdad, las calidades son variadas, y no es lo mismo la perfección de “Los Oblongs”, “Acquateen hunger force”, “Pollo robot” o “Los Hermanos Venture”, que la chatura de “Bob y Margaret” o “Películas Caseras”, pero para aquellos que no lo conocen, bien vale la pena trasnochar. Va en Cartoon Network, de viernes a domingo, desde las 2.

Dejá tu comentario


revista
La tapa
Busqueda
Anunciamos