Un poco de rock francés
»Por Amelie Queret y Gabriel Peveroni
»Fotografía: Pata Torres
»Tiempo de lectura: 4′36”
La escena musical francesa es bastante más amplia que cantautores que posan en las portadas de discos y revistas al mejor estilo película de la nouvelle vague. hay rock, y del bueno, más allá de figuras electrónicas que han recorrido el mundo… daft punk, air, ladytron, miss kittin. hay vida después de las leyendas de mano negra, negresses vertes, noir desir. uno de los grandes del rock francés contemporáneo se llama yann tiersen. sí, el mismo que firmó las bandas sonoras de amelie y goodbye lenin.
Estuvo en el solís, y dio con su banda uno de esos conciertos que se recuerdan por años. pos-rock oscuro y por momentos decididamente dramático. un viaje sonoro en un delicado equilibrio entre lo acústico –con los inspirados violines y acordeones de tiersen-, con momentos al borde de lo salvaje –recuerdan a los mismísimos pixies-, y de una densidad épica en sintonía con las grandes bandas experimentales de los setenta.
Después del show, fumando marlboro en el camerino, las primeras palabras de tiersen fueron de elogio al boliche “la ronda”, que conoció con algunos de la banda siguiendo una melodía de nick drake. y en la tercera o cuarta pregunta se despachó con un cariñoso “puta, que son preguntas podridas”.
_¿Cuál es el show ideal?
_¿Como espectador, o para nosotros ?
_Para ustedes, desde arriba del escenario…
_El mejor show es cuando hay interacción entre la gente. Pero es difícil decirlo, porque un buen concierto es cuando se siente y funciona desde ambos lados. En los teatros es más difícil, pero bueno, depende… pero es verdad que cuando el público está sentado se hace todo más difícil. Yo detesto ver conciertos sentados. No lo soporto… Cuando estás parado, si te aburrís podés irte, por ejemplo… Es más físico, y también más honesto.
_Muchos pensamos –a la salida del concierto- que deberían haber tocado en otro tipo de escenario, sin butacas… Aunque también se disfrutó esa atención y ceremonia que impone un teatro como el Solís.
_Es que estuvo muy bien el show de esta noche… Pero nos ha pasado de hacer conciertos en un teatro, en Francia, en los que nosotros estamos muy motivados al principio, y cuando miramos el publico, y ves a la gente quieta… ¡Es horrible cuando pasa eso!
_¿Es posible que estos dilemas se vean acentuados por tus vaivenes entre lo eléctrico y lo acústico, que son momentos bien diferentes en tu creación? Hay mucha diferencia entre esta máquina rockera y la banda sonora de Amelie, por ejemplo…
_Estoy viviendo un período de reencuentro energético, paradójicamente después de haber descubierto lo acústico. Siento que mi música es como pasa con Les Têtes Raides, que tienen cosas super eclécticas, que es más la rueda que gira. Y este redescubrir la energía pienso que se debe a la situación política actual en Francia, a lo que se respira… es obvio que tengo menos ganas de sentarme atrás de un piano, o tocar el acordeón sentado en mi silla.
_Todo eso parece resumirse en un lugar… la isla de Ouessant, que parece ser tu refugio recurrente para componer. ¿Qué encontrás allí que no te da París?
_Al final de cuentas, que la gente en Ouessant está loca… Además, encuentro muy difícil trabajar en París. Por una razón bien tonta: para empezar un álbum, existe una presión, y cuando estoy en París no puedo resolver la elección entre trabajar o salir… ¡Y en Ouessant puedo hacer todo a la vez!… O sea, si decido no trabajar, puedo ir a tomar una y no importa si vuelvo o no, pero en París no tengo la elección de volver porque todo está demasiado lejos.
_¿Cómo es Ouessant?
_Bueno, hay setecientos habitantes y diez bares… Es una buena media, ¿no? Y no hay árboles. Mucho viento.
_El pos-rock permite la búsqueda de nuevos horizontes en la cultura rock… ¿No se corre el riesgo del rock sinfónico de los 70, de intelectualizar un género destinado a ser directo y callejero?
_Sí, bueno, vuelve ese dilema, pero está lo que te decía antes, que el rock sigue siendo político, en el sentido amplio del término, de hacer, de provocar. Y sigue siendo simplemente un modo de vida, que es todo menos precisamente intelectualizar… Hay sí una elite, con ganas de… bueno, eso es el problema de París, por ejemplo, que es terrible, porque es súper estéril.
_¿Qué significan para el rock contemporáneo el legado de artistas como Pink Floyd, David Bowie y Radiohead?
_Bowie siempre sabe rodearse bien, y Pink Floyd ha sido una súper banda… El caso de Radiohead es más que interesante, porque justamente es un concepto que llegó a ser súper popular, todo el tiempo, siendo de los que llevaron más lejos la investigación de sonidos y la experimentación. Me parece que es uno de los grandes grupos de la historia del rock, porque tiene también una suerte de simplicidad… No pienso que sean “intelectuales”, como algunos piensan, y sin embargo han llevado las cosas muy lejos.
_¿Cómo está la escena musical francesa? ¿Qué pensás del retorno de la chanson, con artistas como Benjamin Biolay, Keren Ann, Carla Bruni? Parecería que son todos modelitos de películas de Truffaut…
_Keren Ann tiene muchas cosas lindas, pero Carla Bruni me chupa un huevo… Y Biolay, para mí, es un poco lo peor que tenemos en Francia. Por otra parte, hay bastantes artistas nuevos en Francia que, justamente, en la apertura que hubo ahora, no obligatoriamente cantan en francés…
_¿Pensás que los de la chanson “venden” un modelo francés que está acabado?
_Pienso que son los grupos que van con el gobierno… No sé, está Benabar, que es genial en el estilo. Es la nostalgia francesa, bien franchouillarde.
_En Latinoamérica hemos recibido mucha influencia de Mano Negra, y después de Manu Chao como solista… Él ha tomado como bandera el sincretismo, el diálogo entre culturas… Sin embargo, algunos lo ven como el cazador que viene de safari…
_No sé, pienso que Mano Negra ha dejado muchas cosas buenas… algunas discutibles. Primero era un colectivo muy interesante, pero quizás el rescate y la integración de culturas tienen un poco todo eso, de alguno que se aprovecha quizás un poco de más.
_¿Por qué le cuesta salir tanto a los músicos franceses, respecto a la facilidad que tiene la escena británica para traspasar fronteras?
_Porque, a fin de cuentas, parece que en el mundo hay dos redes… Está por un lado Francia, Alemania, Polonia, España, Italia… Latinoamérica, y en otra red los países escandinavos, Estados Unidos e Inglaterra… Son dos bloques, pero uno es pequeño y el otro lo domina todo. Aunque con Internet, muchas cosas se están moviendo y cambiando.
_¿Qué pensaste encontrar en estas presentaciones en América del Sur, tan lejos de Europa?
_Pienso que es uno de los únicos lugares en el mundo donde se puede decir que hay esperanza y alternativa a la hegemonía americana.
_¿Qué pasa por tu cabeza en estos días?
_A fin de cuentas, en este momento son las elecciones en Francia y si Sarkozy gana me voy a la mierda… O mejor dicho me voy de Francia. Tengo pensado ir a Buenos Aires, donde el tío de mi hijo tiene una casa.
_Me queda la impresión de que le estás escapando también al éxito de Amelie?
_No tengo ningún problema con el éxito que me dio haber trabajado en la banda sonora de la película. El problema es que puede ser un poco raro que en todas las entrevistas me pregunten demasiado sobre eso… Es que no tengo nada para decir.
»Mayo 2007
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