Jaime Roos: hombre solitario
»Nowhere man
»Fotos: Rafael Lejtreger
»Por Gabriel Peveroni | Tiempo de lectura: 13′25”
»Fue y volvió
Como ahora. Como siempre. Jaime está de vuelta. Esta vez viene de resurrección. Comandando, casi en solitario, la eterna bandera del candombe beat. No oculta su condición de ermitaño. No está entre los íconos de las nuevas tendencias ni en los grandes festivales de un rocanrol que en su tercera ola se ha vuelto popular y hegemónico. Va y viene. Está de vuelta. Como otras veces. Como siempre. Y no oculta la satisfacción de obtener el quíntuple platino por el disco fuera de ambiente. De protagonizar la gira más grande que haya hecho un músico popular uruguayo en nuestro país. Va y viene. Lo esperan escenarios argentinos y españoles. También el solís, en tres noches de fin de julio. Broche de una temporada muy movida, como la de finales de los ochenta. Va y viene. También sus canciones. Hoy se cumplen treinta años de sus primeras grabaciones. Allá, en europa. Y cuarenta del tiempo en que, siendo adolescente, fuera hechizado por la troupe de el kinto y las mágicas canciones de los beatles. Jaime es faro. Luz. Swing. Puente musical entre distintos tiempos de la canción montevideana.
_¿Cuál es tu disco preferido de Los Beatles?
_Mi disco favorito es Álbum blanco. Lo escuché por primera vez a fines del 68, por la radio. Creo recordar que en Montevideo se editó en verano del 69, recién tres meses después.
_Por el sello…
_Odeón. La edición incluía las fotos originales de Richard Avedon y el afiche con el collage original, importado de Inglaterra. Estuve cuatro meses escuchándolo sin parar. Era demasiada información. Treinta canciones… Es el único álbum doble que en realidad escuché a fondo, porque descreo de los formatos extensos en cuanto a la música.
_¿Volviste a repetir, con otros artistas y otros discos, esa fascinación, ese golpe contemporáneo como te sucedió con Los Beatles?
_Sí, con varios. Pero globalmente hablando, nunca llegué a sentir de nuevo la intensidad que transmitían ellos. Hay que ver que fueron quince álbumes, si a los trece oficiales les sumás un par de volúmenes más que podés armar con los singles. Quince álbumes en siete años es imbatible, y más teniendo en cuenta que cambiaban de estilo cada seis meses… Eran el antimarketing. Jamás repetían la fórmula, y todos sus discos son imprescindibles.
_Hay vivencias que son intransferibles, como las de haber vivido a Los Beatles como artistas contemporáneos. ¿Cómo se transmite esa sensación?
_Varias veces he hecho comentarios al respecto… Sólo quienes vivimos a Los Beatles como un grupo contemporáneo sabemos lo que significaron, en esa época, y lo que sucedía cuando salía un álbum nuevo de ellos. Eso es intransferible… Hace poco vi un dvd de Paul McCartney en Rusia y me reconcilié con él. Esos shows en la Plaza Roja y en San Petersburgo son impresionantes, por la emoción que se respira. Y allí, todos los entrevistados cuentan cómo, para ellos, Los Beatles fueron la única tabla de esperanza que tuvieron dentro del totalitarismo, la única bocanada de humanidad que les llegaba y les hacía creer que un cambio era posible. Miraba eso, y pensaba en los años que vengo diciendo que la revolución, no solamente musical, sino social, que llevaron adelante Los Beatles como punta de lanza de toda una generación, es inconmensurable. Ahora, estas palabras, dichas por los rusos, van aún más lejos, porque están hablando de política, aunque en realidad ellos no hablaban explícitamente de política.
Lo único bueno que dejó la dictadura en este país, porque todas sus otras consecuencias han sido nefastas y las seguimos pagando hasta el día de hoy, es que hay muy poca gente que se atreve hoy a denostar a la libertad como forma imprescindible de vida
_Es una interpretación que se explica por el contexto, de vivir en la Unión Soviética a finales de los 60…
_Claro. Y lo que pasa es que para ellos, algo que fuera tan libre, se convertía en político, porque vivían en una sociedad donde la libertad no existía.
_¿Cómo viviste vos esos años, como adolescente, en un Uruguay donde una generación buscaba un cambio político?
_Un cambio político, social, cultural, global… Pero lo político era lo que más pesaba.
_¿Y qué papel jugaba la libertad, la del imaginario beatle a que te referías con respecto a…?
_Ya he hablado de esto… La libertad era despreciada. Era considerada un lujo pequeño burgués. Eso era el gran problema que yo tenía en cuanto a la polémica con mis amigos, con mis compañeros de estudios de Facultad de Ciencias Económicas. Eran épocas en que las balas te pasaban por arriba de la cabeza, cuando no te pegaban…
Ahora, lo único bueno que dejó la dictadura en este país, porque todas sus otras consecuencias han sido nefastas y las seguimos pagando hasta el día de hoy, es que hay muy poca gente que se atreve hoy a denostar a la libertad como forma imprescindible de vida, como derecho humano. Fue tanto lo que se sufrió por no tenerla, que… bueno, aparece algún loquito que quedó rezagado, o alguno nuevo que no sabe de qué está hablando, pero en realidad es muy poca gente.
Es triste que tengan que pasar catástrofes para que la gente se dé cuenta de cosas que están delante de sus narices. En Europa estuvieron dos mil años achurándose para llegar a la conclusión de que no tienen que guerrear entre sí. Tuvieron que soportar males infinitos para llegar a la conclusión de que tenían que llegar a estados solidarios… Acá no llegamos a eso, pero por lo menos con la libertad avanzamos.
_¿Pensás que la integración regional sudamericana, o por lo menos en la región, sigue siendo una utopía?
_Es que hace falta altura, que es lo que les falta a los políticos de nuestro continente…
_También a los de abajo…
_Y bueno, obviamente también, puesto que los políticos emergen de sus naciones… Como cuando teníamos dictaduras militares. Me acuerdo que se hablaba de los gorilas como si los hubieran importado de Saturno. ¡No, gran error! Los gorilas eran emergentes de nuestras sociedades. Es todo el mismo paquete.
_Volvamos a los 60… Me gustaría saber cuándo te decidiste por tocar la guitarra, qué fue lo que te llevó a tocar.
_Mis padres se negaban a que yo fuera músico, puesto que mi tío George, que lo era y muy bueno, había tenido una vida muy bohemia, cosa que mis padres no querían para mí. Aquello de “mi hijo, el doctor”… Ellos querían que estudiara, que tuviera un título, ese tipo de cosas. Cosa que es comprensible. Cuando tuve a mi hijo entendí a mis padres, lo cual no quiere decir que esté de acuerdo con la posición que tuvieron en el conflicto tan grande que tuve con toda mi familia por elegir ser músico… Pero en los hechos, a los doce años me regalaron mi primera guitarra.
_¿Te la regalaron ellos?
_Me la regaló mi padre… Pero me dijo: “si querés tocar la guitarra, tenés que hacerlo bien”. Entonces me mandó a un conservatorio clásico. Y estoy eternamente agradecido, porque en esos años hice cinco grados de guitarra clásica. Son los únicos estudios académicos que tuve, ya que después con la Facultad y los estudios de inglés y francés, ya no tenía más tiempo. Además ya era músico semi-profesional, tocando en obras de teatro y en grupos de covers haciendo rocanrol.
_¿De qué año estamos hablando?
_De los años 69, 70.
_Tiempos cercanos al Álbum blanco y a la breve vida de El Kinto. ¿Cómo fue tu acercamiento a la gran banda de Mateo?
_Tengo una pasión muy particular por todo lo que hizo Mateo y por El Kinto. Ellos tenían unos diez años más que yo. Eran mis ídolos. Fueron los que me señalaron el camino. Y a pesar de que nunca hicieron un álbum y de su corta duración como banda, en el ambiente musical todo el mundo sabía que ellos eran los mejores.
_¿Cómo eran los recitales de El Kinto?
_El Kinto siempre sonó bien. Sonaban bien, aunque tuvieran equipos muy malos y guitarras caseras, porque eran buenos músicos. Los vi poco, porque en el 68, cuando empecé a ir a los conciertos beat, ya estaban por separarse. Ya en el año 70 tuve la ocasión de tocar junto a Urbano en una obra de teatro para niños. Para mí era como estar junto a Paul.
Y el propio Mateo, cuando venía al teatro, me pedía prestada la guitarra y se ponía a tocar. Era, no sé, como ver tocar a Hendrix al lado mío. Tuve esa suerte. Y yo tenía 16 años…
Ahora, el grupo que realmente pegó a nivel popular fue Tótem. No eran tan refinados como El Kinto, porque no estaba Mateo, pero en todo caso eran más impactantes. Escuchar cantar a Rada con Tótem era como presenciar algo sobrenatural. Los seguí mucho. Me acuerdo que en un concierto en El Galpón, que no tenía entradas, entré por avalancha… Y debo haber sido quien compró el primer ejemplar del primer álbum de Tótem. Como vivía a media cuadra del Palacio de la Música, iba todos los días a preguntar pero nunca estaba. Hasta que un día me dijeron: “llegó, pero sin tapa… no te lo podemos vender”. La peleé hasta que me lo llevé a casa, sin tapa. Y bueno, escuchabas “Dedos” y era un sonido nuevo, algo muy especial…
Siempre tuve la más absoluta convicción de que iba a dar unas vueltas por el mundo y que en algún momento iba a volver. El amor que le tengo a Uruguay viene desde siempre. Y cuando finalmente volví, a fines del 82, me echaron los milicos.
_¿Que se haya acabado esa movida musical, tan fermental, se lo achacás a la dictadura?
_Con relación a la duración de los grupos, la dictadura no tuvo nada que ver. Tótem se separó antes, y El Kinto también. Pero doy fe, porque lo viví en carne propia, que la dictadura mató al rocanrol. Cuando salíamos de los conciertos las razzias se llevaban a todos los que podían. Entraban con perros a las “cuevas del rock” y le pegaban a todo el mundo. Te hacían pasar una noche entera en la comisaría sin saber por qué y te cortaban el pelo largo a bayonetazos.
Así fue que de a poco las cuevas se fueron cerrando, y se fue haciendo imposible para cualquiera que se vistiera diferente. Eso generó un éxodo masivo de los integrantes de los grupos, de los músicos. Y cuando te digo masivo hablo de que la mayoría de los que conozco se borraron, pero no por problemas políticos sino por una cuestión mental. Siempre los llamé refugiados mentales. Están los refugiados políticos, los económicos y también están los mentales. En algunos de ellos había una conjunción de los tres factores: tipos que se morían de hambre, perseguidos políticamente y que mentalmente no se la bancaban… Después del año 75 prácticamente no quedó nadie. Me acuerdo que los de Psiglo, en Madrid, vivían en el mismo barrio que yo. La banda entera.
_¿Y vos por qué te fuiste?
_Lo mío fue un poco distinto, aunque se enraba también con que Uruguay era irrespirable. Quería conocer el mundo. Vengo de una familia de viajeros. Son cinco generaciones que están saltando de un continente al otro, desde comienzos del siglo XIX. Toda mi vida recibí postales de mis parientes, viajando, y bueno, quería mandar las mías también. Y tenía una fijación con conocer Europa. Pero nunca dije eso de “chau Uruguay”. Siempre tuve la más absoluta convicción de que iba a dar unas vueltas por el mundo y que en algún momento iba a volver. El amor que le tengo a Uruguay viene desde siempre. Y cuando finalmente volví, a fines del 82, me echaron los milicos.
_Antes pasaron muchas otras cosas trascendentes en tu vida y en tu música. ¿Tenías conciencia, cuando te fuiste la primera vez, de que ibas a terminar grabando canciones tuyas en Europa?
_Mirá, cuando me fui de Uruguay ni siquiera escribía canciones. Tampoco cantaba. Lo mío era ser bajista de grupo y estaba muy feliz siéndolo. Lo que pasa es que apenas llegué a Europa empecé a escribir canciones… Me salían una atrás de la otra. Y bueno, pasaron 32 años y después de eso nunca paré. De la canilla sigue saliendo agua. Me acuerdo que fue Franca, la holandesa, quien me convenció de que yo podía cantar mis canciones.
Apenas empecé me di cuenta de que tenía algo interesante entre manos; luego mi grado de soberbia aumentó y llegué a la conclusión de que tenía algo muy importante. Siempre pensé que tenía que conseguir un cantante. En los Who escribía las canciones Pete Townshend, pero las cantaba Roger Daltrey. El grupo se llamaba Santana pero no cantaba Carlitos… Y yo nunca tuve veleidades de cantante.
Incluso algunas canciones que están inscritas dentro mis mayores éxitos fueron cantadas por otras voces, las que yo consideré que eran el mejor vehículo. Hablo de “Brindis por Pierrot” o “Si me voy antes que vos”, por poner dos ejemplos muy claros. Y bueno, yo creía que cantaba muy mal, y de hecho era cierto. Cuando escucho mis primeros tres discos, no me gusta nada cómo canto. La gente dice: “no, mirá que es lindo, que es muy fresco”. Será todo lo fresco que sea, pero está muy mal cantado. Y ya es tarde; no se puede ir y borrar las pistas… Recién en el cuarto álbum, en Siempre son las 4, empecé a agarrar más peso en el canto, más expresión, y más estilo. Antes, para mí, cantar era pasar la melodía… simplemente otra manifestación de la soberbia.
_Es en esas primeras canciones que está muy presente la mezcla de Beatles, El Kinto, Mateo. Tu versión del candombe beat.
_Bueno, está explicitado en la contracarátula de mi primer disco. Donde digo: “varias de estas canciones deberían haber sido interpretadas por Urbano, Mateo, Rada, El Kinto o Don Alfredo”... Y respecto a la fusión con Los Beatles, digamos que tenía las cosas muy claras al respecto. Pero eso tampoco era la gran novedad… ya lo había hecho El Kinto.
Y antes, en un disco que produjo mi tío George, Manolo Guardia y toda aquella gente habían hecho candombe jazz. El Kinto, inspirándose en ellos, arrancó con el candombe beat, en paralelo a la movida de los hermanos Fattoruso, que a pesar de hacer con Los Shakers una música de un marketing similar a Los Beatles, en el álbum La conferencia secreta del Toto’s Bar, del año 68, tienen un tema que se llama “Candombe” que es infernal.
Ellos eran parte de la movida… Y siempre me hizo gracia, de esa carátula, que como no podía poner Zitarrosa, por la censura, le puse Don Alfredo. Y nadie le decía así… él era Zitarrosa. Después, con el paso del tiempo, se le empezó a llamar Don Alfredo.
Y pensar que todo empezó por esas cosas tan increíblemente absurdas de la censura, como pasó con “Durazno y Convención”, que la escribí porque estaba indignado de que la dictadura le hubiera cambiado el nombre a la calle donde yo nací, a Convención, poniéndole el nombre de Latorre, un atroz dictador… Y entonces, salió lo de “la calle Durazno… ¡y Convención! ¡y Convención!”, así, bien remarcado. Era el año 82, plena dictadura, y esa canción no les hizo ninguna gracia.
Me acuerdo que la primera vez que vi a Los Estómagos, en la feria de Villa Biarritz, me encantaron. Me dije: “por fin, gente que pega saltos arriba del escenario… qué suerte”
_A tu regreso a Uruguay, fuiste testigo de la polémica Canto Popular – Rock. ¿Te acordás de aquel debate?
_No. No quiero acordarme. Porque fue ridículo. Me acuerdo de algunas cosas que me contaron, como la de que algunos profesores de Canto Popular recomendaban a sus alumnos que no fueran a ver a Opa, cuando el concierto en el Cine Plaza del año 81. Decían que era música pronorteamericana e imperialista… Las polémicas esas eran tan ridículas, que apliqué el deleteo en mi memoria.
_También hubo un “choque” entre los rocanroleros del 60 y los del 85. Como que no era fácil entender a la nueva generación…
_Lo que pasa es que la irrupción de las bandas del 85 fue súbita. Inesperada. Y al mismo tiempo carente de cierta consistencia musical, lo cual se convertía en un punto débil para esa movida. A tal punto que, efectivamente, fue una movida débil, de la cual solo quedaron Los Estómagos y Los Traidores. A mí me caía muy simpática esa movida.
Me acuerdo que la primera vez que vi a Los Estómagos, en la feria de Villa Biarritz, me encantaron. Me dije: “por fin, gente que pega saltos arriba del escenario… qué suerte”. El problema fue que salieron a la palestra, e incluso accedieron a cierta popularidad, sin haber hecho un recorrido más normal, de empezar en el garage, tocar en pubs, foguearse, sufrir, mejorar, hasta finalmente subir a un escenario grande con determinado peso, experiencia, y ahí sí grabar un disco.
La movida actual, en cambio, es la más poderosa de las tres olas que tuvo el rock uruguayo. De la primera rescatás a El Kinto, a Tótem, a Los Shakers, a Dino, pero el resto de los grupos no tenían ni por asomo el nivel que tienen los grupos de ahora. Hoy estamos hablando de un movimiento que tiene 15 bandas, por decir un número, que suenan bien, que graban como corresponden, que hacen buenos shows respetando al público y a sí mismos…
_Y se llegó a una madurez cancionística…
_Exactamente. Existen las canciones. Y hay unas cuantas que son buenas. Y también hay cantantes, cosa que es determinante en el contacto con el público. Pero insisto, es un movimiento… porque una golondrina no hace verano. Cuando tenés tantas bandas, podés tener lugares que vayan rotando y que estén abiertos todo el tiempo, podés hacer grandes festivales.
_El peligro quizás sea que los movimientos suelen volverse hegemónicos… A la salida de la dictadura fue el canto popular, ahora de alguna forma lo es el rock de bandas.
_Y bueno, no hay hegemonía que dure cien años.
_¿En qué lugar te plantás, o preferís estar… dentro del movimiento o en un costado?
_Mirá, pertenezco al movimiento en el cual me inscribí hace muchos años. Siempre creí en ese movimiento, en el candombe beat. Hoy nuestra barra ha sido diezmada por los años, porque no ha habido prácticamente recambio, y porque no han aparecido compositores importantes, salvo un par que andan sueltos por ahí. Me siento bastante solo. Curiosamente, a nivel de público, siento que tenemos un enorme apoyo. Acabo de hacer la gira más grande de toda mi vida. Entonces, ¿cómo es? Así que el “fuera de ambiente” no va tanto por ahí, sino más que nada por una vibración global, que se respira no solamente en Uruguay, y que en el mundo del espectáculo es muy notorio.
_Y tal vez simbólico.
_Es que el mundo del espectáculo es un termómetro. Siempre. A nivel social, a nivel de las famosas tendencias de una sociedad, si querés ver lo que pasa encendé el televisor, escuchá los discos que salieron. Pero cada vez se me hacen más inexplicables las leyes de marketing que están dominando la creación artística. Es la decadencia. Y toda decadencia termina en un triste final. No quiero ser tan apocalíptico, pero estamos viviendo una marea baja, y yo me siento “fuera de ambiente”, porque siento que la sinceridad como motor básico en el arte está siendo adulterada por factores que no deberían estar allí. Quizás soy confuso cuando hablo. Quizás no lo soy.
No me arrepentiré jamás de lo que hice. No le vendí el alma al diablo, y si se la hubiera vendido me hubiera salido mal, porque yo no soy un producto para manejar de esa forma.
_No creo que sea confuso… capaz que para bajarlo a tierra pueda decirse que ya no hay más Beatles…
_Ni Dylan, ni Hendrix, ni ainda mais. ¿Quién es el Bob Dylan de hoy?
_¿Eminem?
_Si ese es el Bob Dylan de hoy, entonces, hermano, estamos viviendo un mundo muy vulgar.
_Lo dijo hace algunos años Paul McCartney, en referencia a la canción “Stan”.
_Bueno, tanto Eminem, como cosas tan dispares que van desde Coldplay hasta lo que se te ocurra, pueden hacer un par de canciones simplemente brillantes. Pero bueno, creo que estamos hablando otra cosa.
_Del papel de los productores, cada vez más influyente, por ejemplo.
_Pero mirá que no me refiero solamente a los productores, sino a la actitud del músico ante al productor. Hay ganas de agradar al productor, para ver si les produce el disco… en lugar de decir “hago lo que quiero, y si algún día a alguno le sirve lo que hago, que me llame…”
_Eso me recuerda a cuando renunciaste a editar en RCA.
_Cuando estuve en Nashville.
_¿Cómo fue esa historia?
_Leyendo las estadísticas que decían que los hispanos iban a tener no sé cuánto porcentaje de la población en el año 2000, decidieron producir su primer disco en español.
_¿En qué año fue?
_Estoy hablando del año 89.
“Voy a hacer mucha guita contigo”. Y yo le respondí: “Fenómeno, espero que yo la haga contigo también”. “Ja ja ja, es una muy buena respuesta”, me dijo
_Todavía no estaba Santaolalla.
_Fue muchísimo antes. Además era RCA americana, no una filial de Los Ángeles o Miami… Eligieron a un productor que había metido varios números uno en la escena country, y de director musical pusieron a Mike Lawler, que era el tecladista de Stevie Winwood.
Bueno, grabé con la banda de Winwood versiones de la mayoría de los temas míos más rockeros… “Lo que no te di”, “Una vez más”, “Nadie me dijo nada”. Empecé a darme cuenta de que el productor llegaba, y para empezar todo el mundo se callaba la boca y lo alcahueteaba. El tipo fumaba habanos, parecía sacado de un dibujo animado.
Cuando me lo presentaron, me pasó la mano por el hombro y dijo: “Voy a hacer mucha guita contigo”. Y yo le respondí: “Fenómeno, espero que yo la haga contigo también”. “Ja ja ja, es una muy buena respuesta”, me dijo. Eran diálogos de comedia. Pero era la realidad. Otro día me dijo: “I like you”. Y en otro: “Vos no te preocupes, vos cantá, porque cuando te vayas, cortamos todo”. Me hacía los gestos de tijera con la mano.
Le dije que no, que mis canciones eran así. Me conseguí un abogado, que a su vez era músico de Neil Young, para que en el contrato hubiera una cláusula, al igual que en el cine, como el final cut, que en la mezcla la última palabra la tuviera yo. “Eso no es posible”, me dijo. “Ninguna compañía te va a firmar eso. Si querés, pediles un millón de dólares más, pero no les pidas la última palabra”.
Cuando me di cuenta de que el abogado era amigo del productor, y que me estaba queriendo convencer, lo que hice fue hacer las valijas. Me fui. Y se acabó el problema.
En aquel momento pensé que quizás estaba cometiendo un error, sin embargo, debo decirte que el placer que me dio haberme ido de esa manera fue inconmensurable. No me arrepentiré jamás de lo que hice. No le vendí el alma al diablo, y si se la hubiera vendido me hubiera salido mal, porque yo no soy un producto para manejar de esa forma. O me toman como soy, o que se consigan otro muñeco.
»Dom 01 | Julio 2007
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que debo entregar mañana a la mañana.
Por eso le pido que me responda lo mas rapido posible a las siguientes preguntas que presico: si es casado o soltero, si tiene o no tiene hijos, sus hoobies, música preferida, y premios que a resibido durante toda su carrera.
Muchas gracias desde ya, esper su respuesta lo mas antes posible.
Saluda atentament Natalia Geymonat, de Ombues de Lavalle, departemento de Colonia.
Muchas gracias.