Arrancando la culpa

»Por Dani Umpi

Últimamente me siento bastante mal a raíz de una estrategia fraudulenta, algo inocente e intrascendente, pero que me genera mucha culpa. Descubrí por casualidad que en muchos supermercados, en la sección verdulería, se niegan a embolsar algunos vegetales y vas directamente a la caja. Una vez allí, una cajera, muy sonriente, se encarga de poner el precio y cobrar. Me refiero a la radicheta, la rúcula y todas esas hojas verdes necesarias para la ensalada veraniega.

Ocurre que vas con el atadito de hojas -que suelen tener un precio totalmente desproporcionado e incoherente- y las chicas generalmente no saben qué planta es y, como están muy cansadas y todo les da lo mismo, te cobran cualquier cosa o te preguntan “¿qué es?”.

He hecho en mi vida negligencias e imprudencias peores, pero no sé por qué lo de hacer pasar la rúcula por escarola me deja tan mal, por más leve que sea el hecho y la jurisprudencia lo pase por alto. Es que pienso que el supervisor se va a dar cuenta y echarán a la calle -sin seguro de paro- a la pobre cajera que, de última, es la que tiene la responsabilidad. La chica ni siquiera podrá hacerles un juicio y tampoco contará con una carta de recomendación para conseguir un nuevo empleo. Todo por mi culpa, por querer quedarme con dos pesos de más y tener alguna idiotez para contar a mis amigos cuando me quede sin tema de conversación.

En mi adicción insuperable a leer descontroladamente revistas femeninas del tipo Cosmopolitan, descubrí un artículo buenísimo que dice todo lo que hay que hacer para no sentir culpa. Me sorprende mucho que se den ese tipo de consejos. Como si la culpa fuera acné o celulitis. Pero vinieron muy bien.

Parece ser que la culpa es malísima, a veces más mala que el propio delito. La culpa te bloquea muchísimo y lo hace en un montón de chacras a la vez. Es sumamente autodestructiva, te vuelve agresivo contigo mismo, te polariza el pensamiento y te hace depender de otro. El artículo recomienda acudir a un profesional que, al contrario de lo que uno imaginaría, no es un abogado o un sacerdote, sino un terapeuta que trabaje con reiki… ¡Este era el punto al que quería llegar! Me mata la posibilidad de que se pueda “curar” la culpa con reiki. Parece ser que las manos del terapeuta pueden “sacar” (sic), como “escarbando” (sic) ese mal y devolverlo a la “energía universal” (sic). Es como si te dijera que en el universo hay culpa por todas partes, esparcidas, y a vos, por un motivo X se te instala en el cuerpo una de ellas, entonces viene alguien, te la saca y la devuelve a la… nada, o al todo, o al éter (¿vieron que nuevamente los científicos están considerando al concepto de “éter” como algo válido?).

¿No es genial? Yo creo que sí, aunque sería mucho más barato reconocer la culpa, si es que ya no pusieron de patitas a la calle a la cajera engañada.

1 opinólogo dice que...
  1. Cacho dijo:

    No te puedo creer.

Dejá tu comentario

revista revista
La tapa
Busqueda
Anunciamos