
»Por Alberto Fuguet
Me gusta esta foto. Es veraniega. Evoca mil veranos, aunque claro, no he tenido mil veranos y no los tendré y ya no me interesan tanto los veranos, quizás no los disfruto, hace demasiado calor, la luz del mediodía es horrible, no soy o ya no soy un tipo playero, un tipo que amanece tumbado, raja, en una playa de Río. Además, no soy de los que veranee o necesariamente huya del verano capitalino para ir, no sé, a disfrutar del mar y “la movida” de Punta del Este o Viña del Mar, para que me miren y mirar, o aislarse en enclaves cuicos, chetas, fresas, donde los ricos de los países pobres se aíslan, sean del lado político que sean, porque al final, los ricos son distintos y se conocen entre ellos y se broncean del mismo modo: con cremas importadas y pegajosas de aloe.
Sigo: lo que más me gusta del verano, del verano chileno, sobre todo del santiaguino, es que pasadas las nueve de la noche, el calor que te mataba, baja. Disminuye, se escapa, se retira. Refresca. Me gusta el ruido de la gente regando en mi barrio de noche. Me gusta eso de tener que salir preparado porque, por mucho que hicieron 33-34 y hasta 35, sabes que al final tipo dos am, hará menos de 15 grados y sentirás frío y nunca estarás transpirando bajo la luz de la luna.
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»Por Gustaf
Un verano comprobé que la vida puede llegar a ser maravillosa para cualquiera. Caminaba por la playa. Hacía frío. No había nadie en la costa. Sólo un pescador y su mujer acompañándolo. Ella aguantaba valiente que el estúpido sacara algún pescado. Me llamó la atención.
Estaba sentada en una sillita playera. Pelaba una naranja que sacó de un táper. La pelaba con estilo. Con un cuchillito tipo serrucho. Tramontina. Su cuerpo se meneaba demasiado en esa intrascendente acción. Era una cachonda. Tendría unos cuarenta años. Ese cuerpo hablaba. Pedía algo.
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»Por Javier Abreu
Sr. Editor: no sabe cómo se me dificulta el asunto “Historia del Arte de verano”, dado que nunca fui un nene del Polonio. No por cuestiones ideológicas, sino porque me niego a exhibir en público este cuerpito simple y frágil que Dios me dio. No me falta autoestima, lo puede verificar llamando a mi analista, que él sí tiene baja estima, pero tengo un mínimo de autocrítica y no me parece justo castigar a las masas veraneantes a tan desagradable imagen.
También está el tema de los accesorios. Siempre estoy delayed. Me quedé en el short cortito cortito bien ochentoso, y las nuevas bermudas me impresionan con tanto logo y animé. Ni hablar de las pulseras flúo de space, piercing, aretes, gorros. Demasiado demasiado demasiado TU-MACH.
¡ASÍ QUE DE PLAYA, NADA!
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»Por Kira
De niña siempre quería que llegaran las vacaciones para dejar de ir a la escuela y porque sabía que tenía tres meses para jugar con mis amigos prácticamente las veinticuatro horas del día. Si durante el año tenía prohibida la salida a la calle, porque en mi barrio había muchos varones y casi todos eran niños “malos”, a los que yo quería mucho, en el verano mis padres no ponían objeciones para que también me volviera “pandillera”.
No iba a la playa. No tenía la necesidad porque el cemento ardiente de Montevideo, en enero, me resultaba más atractivo. O no hacía tanto calor, o no lo sentía, pero lo cierto es que las atracciones de mis veranos pasaban lejos de la arena y el mar.
El tiempo pasó, crecí, me mudé, y se me ocurrió tener un novio, un novio que me duró hasta diciembre, porque a fin de año armó el bolso y se fue de vacaciones –como lo hacía siempre- a la casa del abuelo donde veraneaba cada año desde que tenía uso de razón. Ese verano me sentí Penélope. Él volvió, pero el calor había derretido y hecho desaparecer todo ese supuesto “amor” que nos teníamos.
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»Por Mónica Zanocchi
Este verano es asunto del pasado. Ya estoy diseñando una colección para el próximo invierno, y en paralelo llego al extremo de estar mirando información de tendencia para el verano 09/10 -o sea, dos años de adelanto- mientras pienso la colección para el verano 08/09.
La noción del tiempo, para los diseñadores, es otra. Trabajamos y vivimos en intensas temporadas en las que el tiempo siempre se adelanta. Todos aquellos involucrados en el sistema de la moda estamos constantemente previendo lo que está por venir. Vivimos pensando en el futuro, intentando situarnos en un momento todavía inexistente.
¿De dónde sale la información sobre tendencias? 1. Intuición. Cuando se trabaja con mucho adelanto y poca información, es nuestra mejor amiga. 2. Internet. Otra gran amiga. 3. Otros. Seminarios de actualización, análisis de temporadas de desfiles, publicaciones especializadas.
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»Invitada: Javiera Mena
Uno de los mejores veranos que recuerdo fue en 1993, en el campo de Peñaflor, a las afueras de Santiago, cuando ya todo es puro verde. Mis papás me dejaron ahí con mi hermano. En un principio no queríamos quedarnos, pero lo hicimos medio como obligados. El tío nos hacía trabajar en cosas de campo, como limpiar el gallinero o encerar la casa.
Como contrapartida, andábamos con mis primos en una divertida pandilla. Éramos como ocho, cada uno en una bicicleta. Todos acompañados por unos doce perros que habitaban el fundo. Yo formaba parte de una sección de mujeres preadolescentes. Teníamos nuestro momento de aislarnos del resto a hablar cosas de niñas, aunque mi prima más chica siempre nos seguía y mis tíos nos obligaban a estar con ella. El drama era arrancarnos de ella sin que llorara.
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