No me gusta el verano

»Por Marcos

A mis viejos les gustaba ir a Piriápolis. ¿Qué hay en Piriápolis? ¡Absolutamente nada! Un casino, el Cerro del Toro y el Pabellón de las Rosas. Y montones de porteños viejos.

Lo mejor eran las maquinitas. Me pasaba horas metido ahí, pero sin jugar ni una ficha. No me daban plata. La única vez que mi viejo me tiró 10 mangos para jugar, me encajó: “eso es lo que gano en todo un día de laburo”. Tomá nene, divertite. Tampoco me dejaron ir a ver Rambo II en el cine de Parque del Plata, porque era “fascista”. Pero me escapé y la vi igual. Aguante el imperio.

Cuando crecí un poco, iba a lo de mi amigo Diego Melogno, a su rancho en La Paloma. Un rancho abominable, de madera, mugriento, sin luz y casi sin agua. Pero tenía el piso cubierto por colchones. Buenísimo. A la mierda la playa y todo eso. Vivíamos de noche. Nos dedicábamos a chupar vino suelto en el boliche Negro el 11, toda la noche, ir a las maquinitas a mirar (seguíamos sin guita…), y hacer puerta en boliches. De vez en cuando, conseguías apretarte alguna mina y hasta a meterle mano. El premio mayor era levantarse una porteña. Pero éramos recontra parias, campera de cuero y pelo largo. Conocimos un porteño que tenía una remera de Stooges. Nos pusimos a hablar con él y nos dio un casete de una banda, Dead Boys. Piramos y nos hicimos copias.

Estaba grabado de un vinilo, y la púa saltaba en la canción “Son of Sam”. Cuando llegamos a Montevideo, le hicimos copias a todo el mundo. Años después, cuando conocí a mi segunda novia, tenía el mismo casete que saltaba en el mismo lugar. Fueron las primeras copias que llegaron de ese disco al país.

El problema básico de la playa es el vestuario. No hay shorts ni bermudas con onda, solo esas cosas enormes y coloridas con flores gigantes. Mega terraja. Chancletas. ¡Horrible! Lo único que queda es ponerse alguna remera de banda. Las mejores son esas de bandas metaleras que ni siquiera se puede leer el nombre. Kriskizüumm, o cosas por el estilo. Tuve una época en que iba de vaquero cortado, campera de cuero, botas militares y muñequera. Ahora que está de moda ser diseñador de moda y todas esas pajerías, les tiro una idea. De onda. No voy a cobrarles nada. Metan un par de calaveras en un shorcito negro. En serio. No cuesta nada.

Antes, las vacaciones duraban un mes. ¡Un mes! Todo enero afuera. Eso ya no existe más, el Uruguay que ya fue, de la época de la dictadura. Por lo menos, los milicos daban buenas vacaciones. Ahora, es cada vez más corto. Son 10 o 15 días, y a volver a Montevideo. Y ahí te jodiste. Tampoco pasa nada. Los boliches están todos cerrados y no tocan bandas. Brrr…

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