Ya no hay sexo ni rocanrol
»Por Riki Musso
Siento desilusionarlos: no me gustan las drogas. Aceptar estas cosas públicamente hoy día es una verdadera actitud punk, y puedo estar cavando mi propia fosa, pero es así. Y además no está TODO BIEN. No soy tolerante.
Me molesta mucho alternar con personas que están bajo los efectos de la cocaína. No hacen otra cosa que hablarme a dos centímetros de la cara sobre su estado alterado. Esta acción redundante suele ser muy latosa para el que le toca escuchar. Es una suerte de Gardel en el barco cantándole a un segundón que se limita a poner cara de circunstancia, sin interrumpir, pero con la diferencia que el tipo no es Gardel y la letra del tango es siempre la misma: “Estoy duro, no sabés cómo estoy de duro, porque yo… ¿entendés?… ¿te estoy jodiendo?… avisame, porque sabés que como estoy reduro ¿no?… disculpame, pero… es que me pongo pesado”. Esto dura unos veinte minutos, hasta que algo te salva de la situación.
Algunas drogas, como la cocaína y la pasta base, deberían estar prohibidas. O al menos que se vendan bajo receta verde como muchos medicamentos. Yo sé que es difícil, que mucha gente vive de esto, y que otra basa su poder en estos productos, pero al menos crear un ámbito más saludable, para que idiotas como yo no sufran del ambiente hostil que se crea en ocasiones. Por ejemplo: se podría alejar estos negocios de los baños de los boliches, para que algún imbécil como quien escribe pueda orinar cuando le venga en ganas.
De la marihuana diré que me molesta el olor. La gente fumada me resulta más simpática, a diferencia del cigarro común, que apesta sin alterar al molesto fumador.
Uno ve hoy películas de los setenta y observa toda una comunidad fumando porro, tomando ácido y pasándola bien, haciendo orgías y cosas divertidas. Hoy día vemos personas inútilmente aceleradas, paranoicas y amargadas, que ya no piensan en sexo, amor ni cosas amenas, sino en seguir consumiendo lo que le vendan hasta caer desmayados. Muy interesante. Pero paso, y gracias.
Resulta muy molesto cuando te vas de fin de semana a visitar a unos amigos a Florida, y encontrás a la vuelta a cinco familias viviendo en tu casa. No los podés echar sin juicio legal de por medio, si es que introdujeron un bebé con cuna y disponen de testigos de una supuesta antigüedad en el hogar. Así que te tenés que acomodar en algún cuarto que te autoricen hasta la sentencia del litigio. Y hacerte amigo. Y si además usan tu casa de boca de venta, tendrás que soportar a todos los vecinos que tocarán timbre cada cinco minutos impidiéndote dormir. Pero no hay con qué darle, todo esto es legal aparentemente en el Uruguay, y bien podrías aprovechar la oportunidad para vender tortafritas y panchos a los visitantes. Eso sí: que Bromatología no te atrape.


¡Muy bueno! Dejando de lado las bebidas, el resto no vale la pena.