Criticón de arte playero
»Por Javier Abreu
Sr. Editor: no sabe cómo se me dificulta el asunto “Historia del Arte de verano”, dado que nunca fui un nene del Polonio. No por cuestiones ideológicas, sino porque me niego a exhibir en público este cuerpito simple y frágil que Dios me dio. No me falta autoestima, lo puede verificar llamando a mi analista, que él sí tiene baja estima, pero tengo un mínimo de autocrítica y no me parece justo castigar a las masas veraneantes a tan desagradable imagen.
También está el tema de los accesorios. Siempre estoy delayed. Me quedé en el short cortito cortito bien ochentoso, y las nuevas bermudas me impresionan con tanto logo y animé. Ni hablar de las pulseras flúo de space, piercing, aretes, gorros. Demasiado demasiado demasiado TU-MACH.
¡ASÍ QUE DE PLAYA, NADA!
Los que sí hacen verano son los críticos-curadores.
* Están los más veteranos, en la interna del arte llamados “los marrones”, que arrancan para esos lugares donde hay mucha pinocha y acacias: San Ramón, Cuchilla Alta, Jaureguiberry, La Tuna. Este grupete se junta los domingos con sus respectivas y respetuosas señoras para la picadita preasado, escuchan Charles Aznavour y ARREGLAN EL MUNDO DEL ARTE ENTRE ESCOCÉS Y ESCOCÉS. Tienen terminantemente prohibido decir palabras como videoarte, performance o arte=idea.
* Otro grupo de críticos-curadores es el de los que prácticamente nacieron y se criaron en los veranos de Rocha: Polonio, Valizas, La Pedrera. Por más que algunos están peinando canas y alguna que otra patita de gallo, no se resignan a perder la adrenalina de conocer a un artista emergente en los médanos, a las once de la noite.
Es muy famosa la historia de la crítica- curadora chicata que pescó en el arroyo de Valizas a un joven escultor y se lo llevó a vivir todo el verano del 2005 a su rancho vermelho. Se pasaron los tres -ella, el escultor y la gata de ella- toda la temporada sin salir. En el invierno del mismo año, el escultor ganó el Primer Premio a la Innovación Artística, con una mega escultura realizada con pelo felino. La chicata era miembro del jurado y él, con la plata del premio, se compró una moto naranja. Ya no están juntos y a la gata no se la vio más, pero a ella le sigue gustando la pesca.
* Al tercer grupo de críticos-curadores podríamos llamarlos ARTFORUM CHARRÚA. Se los puede ver en Manantiales, José Ignacio y adyacencias. A ellos les encantaría reventar la noche en pleno Gorlero o en el Casino del Conrad pero se sienten guilty por tanto exceso de glamour. Cuando los llamás por teléfono no dicen hola sino alooo, no toman mate ni escuchan música nacional, y usan t-shirt ajustadas que dicen “sexy” o “fuck you” para aparentar menos edad.
Pero en la pequeña ManJattan (MVD) también pasan cositas en verano: somos muchos los personajes de las artes que nos quedamos tejiendo estrategias para el próximo año.
El crítico-artista de la “boina verde” está siempre en el Botánico paseando de la manito con su nueva pareja. Parece que en el 2007 cumplió cuarenta y decidió asumir su fisura sexual. Dejó a su mujer (ex galerista) y a sus dos hijas (futuras galeristas) y se mudó al Prado con un “asistente de sala” de un prestigioso instituto dedicado a las artes. No se conocieron en un opening, sino que fue en el CINE PRIVATE ubicado a la vuelta de dicho instituto, punto de encuentro infaltable luego de cada inauguración seas critico, curador, galerista o artista con ganas de despegar. Todos pagan 70 pesitos y salen contentos y con “nuevos proyectos”.
Actividad interesante es darse una vuelta por el NUEVO GUSANO LOCO del Parque José Enrique Rodó, que desde el pasado año tiene nuevo dueño y ya no gira. Pusieron un MUSEO DE ARTES CONCEPTUALES, así que cuando sacás el ticket te entregan una foto del bicho y la definición del diccionario de “gusano” y la definición de “loco”. Eso es todo. Dicen que los nuevos propietarios lo quemaron y guardaron sus cenizas en una caja en el sótano, junto a otras cajas con obras de Torres García.
Otros que están en MVD listos para el 2008 son los gestores/as culturales.
Son en su mayoría señoras que se disfrazan de “nenas”. Se compran vestiditos de pseudo corte italiano en las boutiques design del uptown de Ciudad Vieja. Usan cerquillito. Son, ellas, las que entran a la sala de expo con libreta en mano y comienzan a pedirle mails indiscriminadamente a todo ser bípedo, porque lo único que se necesita para ser “gestor cultural” es tener un surtido banco de datos. Siempre sonríen, aunque les pidas permiso para ir al baño. Te sonríen siempre.
Y yo estoy en el cíber de 18 de Julio y Ejido, un lugar que será mítico en futuras décadas. Estoy “aplicando” por la web, o sea llenando formularios artísticos para becas, concursetes y todo tipo de evento pretexto para salir fuera de frontera, no ser detenido en Barajas y pasar bomba el veranito europeo, que va de junio al mes de agosto.

