No me hagan llorar
»Por Martín Mazzella
Me niego a morir. Estoy llegando al final del largo recorrido que empezó el día en que me separé de mi compañero para buscar un lugar en el mundo. Vayan entonces mis últimos pensamientos del año. Esto no quiere decir que después vaya a dejar de pensarlos, pero ya nadie va a escribirlos, y eso es, en cierta medida, morir.
_¿Me vas dar la plata, o no? ¡Botón!
Le gritaba yo a un cajero automático, cuando de repente, me vi en una situación incómoda.
_Por favor, deje de gritarle al baño. Y salga, que hay otra gente que quiere usarlo.
_¡Que me saquen!
_Señor, aquí le habla el mediador. ¿Me escucha?
_Sí, pero no tiene por qué usar megáfono. El baño tiene paredes de cinco centímetros, cambio.
_El megáfono es parte de mi trabajo. Y no es un walkie talkie, así que no tiene por qué decir cambio cuando termina una frase.
_Bien, veo que nos entendemos. Pero hasta que no traiga lo que pedí no pienso salir.
_Pero usted no pidió nada, señor.
_¿Apostamos?
_Vamos, señor, salga que hay una vieja que necesita usar el baño. ¡Tenga compasión!
No era sensato pasar mis últimos momentos adentro de un baño químico, por más limpio y cómodo que esté. Y no es que me haya ablandado lo de la vieja, pero merecía algo mejor. Por eso salí.
_¡Me rindo!
Grité cuando abrí bruscamente la puerta, esperando ver el lugar lleno de helicópteros y policías, gente murmurando ansiosa, y luces, muchas luces. Pero no había nada de eso. Estaba la vieja, y alguna gente más.
_Buenas tardes, bienvenido a Súper Burguer. Mi nombre es Melanie. ¿Puedo tomar su orden?
Ya sé. Yo tampoco entendí nada.
_¡Melanie! ¿Qué hacés acá?
_La trajimos nosotros.
_¡Muchachos! ¿Cómo andan? ¿Cómo va ese refugio?
_La monja enloqueció y le prendió fuego después que te fuiste.
_Esa monjita…
_Che, creo que no era una monja.
Dijo algún estúpido que quería arruinar el momento. Por suerte Batman le aplicó una patada voladora en la mandíbula.
_¡Batman! ¡Volviste!
_Sí, vine con el panadero nazi, que te quiere decir algo.
Insoportable. El pasado me perseguía. Estaban todos: la gente del refugio, Batman… Todos menos vos, a quien dedico mis últimos pensamientos: donde quiera que estés, helecho ingrato, sé que no terminamos de la mejor manera. Nada cambió demasiado. En fin, sé que el mundo está enfermo… está bien. Eso no es nada nuevo.


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