De última
»Por Javier Martínez
Cuando me topo con alguien que se gana la vida de manera extraña me asalta una especie de admiración. Conocí a un tipo que tenía un velero de doce metros de eslora y vivía de escribir sus aventuras de navegación para una revista de náutica. Cruzaba el océano y le cobraba a los tripulantes que querían acompañarlo. Una vez lo contrató un australiano para que lo llevara a un lugar en medio del Atlántico. Era buzo y capturaba peces exóticos que después le vendía a unos japoneses. No hay mayor demostración de lo variado que puede ser ganarse la vida, que imaginar a esos dos flotando al sol.
De algo hay que vivir, y seguro que hay muchas maneras de rebuscarse. En Buenos Aires un grupo de personas vive de las cosas que se van por los caños. Es decir, las cosas que no son las que tienen que irse por ahí. Se meten en determinados puntos y filtran las cloacas. Van equipados como si trabajaran con radiación nuclear y tienen todo un sistema de venta de lo que encuentran. Además, buscan cosas a pedido y cobran por recuperar esos objetos.
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»Thu 01 | November 2007
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