De última

»Por Javier Martínez

Cuando me topo con alguien que se gana la vida de manera extraña me asalta una especie de admiración. Conocí a un tipo que tenía un velero de doce metros de eslora y vivía de escribir sus aventuras de navegación para una revista de náutica. Cruzaba el océano y le cobraba a los tripulantes que querían acompañarlo. Una vez lo contrató un australiano para que lo llevara a un lugar en medio del Atlántico. Era buzo y capturaba peces exóticos que después le vendía a unos japoneses. No hay mayor demostración de lo variado que puede ser ganarse la vida, que imaginar a esos dos flotando al sol.

De algo hay que vivir, y seguro que hay muchas maneras de rebuscarse. En Buenos Aires un grupo de personas vive de las cosas que se van por los caños. Es decir, las cosas que no son las que tienen que irse por ahí. Se meten en determinados puntos y filtran las cloacas. Van equipados como si trabajaran con radiación nuclear y tienen todo un sistema de venta de lo que encuentran. Además, buscan cosas a pedido y cobran por recuperar esos objetos.

Un curro no menos curioso es el de la reventa de entradas. Ahora que es ilegal, la variante es vender escarapelas con una entrada de regalo. Eso sí, la escarapela cuesta trescientos pesos (o más)… ¡y andá a hacer una ley contra la venta de escarapelas!
Otra posibilidad es la de trabajar de extra para manifestaciones. En Europa existe: si querés hacer una manifestación y te falta gente, llamás a una empresa especializada y los tipos van, y hasta te hacen las pancartas y todo. Incluso se da el caso de bandas de rock que contratan público para sus shows. ¡Pogos contratados! El rock ya no es lo que era.

Hay otras miles de formas de buscarse la vida. Entre otras, estudiar una carrera, abogacía, por ejemplo, y te recibís de periodista deportivo. También podés currar con la necesidad de creer en algo y ser cura, vidente, pae o manosanta. Podés currar vendiendo tu esperma y tu sangre, incluso el cabello y hasta algún órgano. Podés ser catador de vinos, rabdomante, afinador de pianos, actor porno, dealer, hombre cartel, o probador de anillos Durex (busquen en Internet, ¡gran curro!).

Maneras originales hay mil, y muchas despiertan una sana envidia. Hay algunas que tienen onda: ser mago, paracaidista, skater profesional, o detective. Hay otras más tranquilas, como filatelista o jugador de cartas profesional.

Y están las que no envidia nadie. Para mí, lo que está jodido de verdad es ser juez de la Liga Universitaria. O de básquetbol. Esas te las regalo.

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