Han hecho una estatua de nosotros
»Saraband
»La frase: “El apellido Bergman eliminaba cualquier competencia.”
»Por Flavio Lira
They made a statue of us
And it put it on a mountain top
Now tourists come and stare at us
Blow bubbles with their gum
Take photographs for fun, for fun
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Regina Spektor en Us
Cuando Saraband fue exhibida en el Festival Cinematográfico del año 2005, fue evidente que iba a ser la ganadora de la selección, aunque de hecho hubiera mejores películas para premiar. Era la ganadora, antes incluso de ser exhibida. El apellido Bergman eliminaba cualquier competencia.
»El intocable
No importaba si de hecho fuera una mala película (no lo era), pero el hecho de que fuera la última película del presumiblemente último gran director vivo, ya la dejaba con mucha ventaja. Y aún más ventaja tenía cuando, predeciblemente, fuera el último film que Bergman filmara en su vida.
Es que, al igual que Fellini o Kubrick, Bergman dejó de ser un ser humano. No sólo en el sentido material, sino también en su estatura como creador. Pasó de ser un director de cine a una especie de hombre de mármol. Alguien intocable, del cual ya realmente no se puede discutir con objetividad. No importa que su filmografía sea increíblemente despareja, porque ya ni siquiera se trata de analizar su trabajo. Ahora se trata de una serie de imágenes que han pasado a una especie de museo de cera del cine.
Al igual que el monolito de 2001 o Anita Ekberg refrescándose en la fuente en La dolce vita, la muerte de El séptimo sello se ha vuelto una especie de marca, de fragmento icónico. No es necesario haber visto ninguna de estas películas para conocer esas escenas, más que nada porque la publicidad las ha can(ib)alizado y llevado hacia las masas, y tampoco es necesario entenderlas para afirmar a los apurones que se trata de obras maestras, cuando es más que probable que ni siquiera sean las cosas más interesantes que hayan hecho ninguno de ellos tres.
»Bergman uruguayo
A este problema de por sí increíblemente grave se le suma el contexto locatario. Estamos hablando del ÚNICO director que fue descubierto en el Uruguay. O sea, una especie de Maracaná crítico, que aniquiló todo posible futuro. Descubrimos al maestro, fuimos los primeros en darnos cuenta, eso nos valida de por vida. Y por ello los incontables ciclos de Cinemateca dedicados a su extensa carrera.
Decir Bergman en el Uruguay nos retrotrae nostálgicamente a una edad de oro cinéfila, la cual despide cada vez más un intenso olor a naftalina. También destruye la idea de entenderlo y ver sus películas de una forma nueva. No importa cuán perfectas y actuales sigan siendo El silencio o Persona, las posibilidades de verlas en la luz de nuevos acontecimientos actuales se reducen más día a día.
A lo cual también contribuye el trabajo de una nueva crítica, que con aún menos fundamentos que la vieja, intenta destruir la imagen intocable de Bergman. Su filmografía es juzgada como arcaica, pasada de moda, aburrida. La idea de esta “nueva crítica” sería de derruir esas viejas estatuas y poner nuevos monumentos. Lo cual no estaría mal si no fuera porque esos nuevos ídolos están pésimamente elegidos. Sin contar el hecho de que se trata de repetir un ciclo que ya se probó a sí mismo como lamentable.
El problema quizás radica en una falta de nexos entre una generación y otra. La idea tal vez no fuera destruir el modelo anterior para construir uno que lo suplante y que termine cometiendo los mismos errores, y esto es tan válido para la crítica como para los modelos que ésta usa para generar sus ídolos. Es decir, para los cineastas.
El cine que representaba Bergman, con sus altos y sus bajos, terminó influenciando mal a una serie de realizadores, que repetían cada uno de los defectos pero ninguna de sus virtudes. El caso más clásico es Woody Allen, que cuando la juega a ser Bergman rara vez logra que la flecha llegue al arco (una posible excepción seguramente sea La otra mujer, en la cual toma elementos de Cuando huye el día y los vuelve suyos, logrando enriquecer ambos films).
Lo cierto es que Bergman ha muerto, y eso lo volverá aún más de mármol que antes. De seguro que Cinemateca programará un extenso ciclo en su memoria, que en la próxima entrega de los Oscar haya un simpático videoclip simplificando una filmografía a todas sus imágenes vendibles y que los profesores en las escuelas de cine saquen sus polvorientos manuales y les den una clase a un montón de alumnos que preferirían no saber siquiera de la existencia de ese cineasta. Supongo que son los precios a pagar por volverse un ícono, aunque probablemente nunca haya querido serlo.
»Cinco estrellas
Posiblemente una de las mejores películas del injustamente subvalorado Hal Hartley, Trust, se encuentra entera para ver en el YouTube. Una comedia negra muy romántica, sobre el romance truncado entre una adolescente embarazada y un arreglador de sistemas un tanto sicótico, le sirve de excusa a Hartley para analizar clínica e irónicamente las relaciones neuróticas que se dan en las instituciones familiares. Una película casi perfecta, que nunca se terminó de difundir en el Uruguay y que ahora está a disposición de todos para ser descubierta.

