Un minuto de silencio por Sarah Kane
»Ruidos de fondo, telón, silencio…
»La frase: “Manchado con su sangrienta historia personal”
»Por Georgina Torello
Ruidos de fondo, telón, SILENCIO… y empieza Ansia (Crave, 1998). Si nos habíamos rozado -y cortado- con la escritura violenta de la británica Sarah Kane (1971-1999) o visto Psicosis 4.48, la última de sus obras, también en cartel en Montevideo, sabemos bien lo que oculta y lo que evidencia ese vacío.
Con un prólogo mudo comienza Ansia y no para hasta que los cuatro actores, anclados todo el espectáculo a mastodónticas slot machines blancas, terminan de zarandear nuestra cómoda existencia burguesa con historias de agonía y muerte.
SILENCIO… Tildada desde el principio como protagonista principal de la new angry generation británica, Sarah Kane llevó el enojo tan lejos como podía: con su suicidio a los 28 años dejó cinco piezas que destilan -para bien o para mal- de cada punto y cada coma, autobiografía, presagios, tragedia. Todo, en fin, manchado con su sangrienta historia personal.
Pero sus dramas van más allá de esa muerte sensacional: su concepción dramática es realmente innovadora y su palabra punzante filtra el absurdo que enfrentamos cada día en la calle.
Nada de risotadas y morisquetas esta vez para el elenco de la Compañía Teatral Italia Fausta, solo cuatro buenos actores en escena, una traducción excelente de Rafael Spregelburd y una dirección atenta de Roberto Andrade.
SILENCIO… La violencia del teatro isabelino, o de su versión moderna, la pulp fiction, que caracterizó a la primera pieza de Kane (Blasted, 1995), y que le valió el ultraje de muchos críticos de su país -en especial de Jack Tinker del Daily Mail, condenado a protagonizar ferozmente su tercera obra Cleansed, 1998-, descarta las relaciones entre los personajes para aferrarse, en Ansia, de las historias contadas.
Porque A, B, C y M no son propiamente personajes sino fragmentos de personajes, impulsos o recuerdos. Fragmentos que intentan dialogar, pero fracasan, alternando las mismas frases y vaciándolas de sentido. Ansia juega a las escondidas con la fatalidad de no entender el mundo y de no entenderse, del vacío constitutivo y la pérdida de referentes. Agrega, además, una fuerte vena lírica, impensable en la primera producción de Kane.
SILENCIO… El diálogo se interrumpe completamente y el público se enfrenta a otro momento de silencio, incómodo y locuaz. FIN

