Viajes de un gran actor

Viajes de un gran actor
»César troncoso brilla en la última gran película uruguaya.
»La frase: “Sos el actor de la película. Estás al servicio de la película, todo el tiempo. “
»Por Gabriel Peveroni

César troncoso brilla en la última gran película uruguaya. esta vez pedaleando. montado en una vieja bicicleta. los sueños de beto –el personaje que interpreta en el baño del papa- parecen no cumplirse. a primera vista es un loser, pero hay algo entrañable que le transfiere césar –el actor- y entonces se adivina que se puede perder una batalla pero no la guerra. pequeños gestos de una gran interpretación. inolvidable. como pocas. la clave debe buscarse en la propia aventura personal del actor. el mismo que supo pararse en plan comedia en el método grönholm y que en los tiempos del juntacadáveres parecía escapado de una viñeta de cómic junto a su amigo roberto suárez. el mismo que se vistió de sasha en la quinta de santos y que en el teatro del cerro se mandó el ejecutor, un koltés solo para elegidos. ahora, en este dos mil siete, vibra todavía su último personaje. pedaleando. porque es el mismo viaje. el de asumir nuevos desafíos personales. decisiones. batallas. algunas perdidas. otras ganadas. y muchas por ganar.

_¿Cómo fue el viaje a Cannes para presentar El baño del Papa? Fue tu primera vez en un gran festival de cine.

_Tenía una idea de lo que era Cannes, a partir de mi imaginario, por leer notas de cine. Eso me viene de cuando era niño. Mi padre tenía almacén y los vecinos le traían los diarios viejos. ¿Viste que antes te deshacías de los diarios, que servían para envolver los huevos?… Y siempre me acuerdo que cuando venía una partida de diarios, yo los revisaba todos. Sacaba los crucigramas, las críticas de cine y las caricaturas.

_Ahora estás vos en los recortes…

_Eso es fuerte. La revista Cinerama, por ejemplo, hizo una crítica que estaba bárbara. Me compararon con Tognazzi y con Manfredi. Me hizo acordar de cuando era socio de Cinemateca, de mis actores preferidos, los grandes: Mastroianni, Tognazzi, Manfredi, Sordi y Gassman. Esos cinco tipos, para mí, eran como Gardel. Y que me hayan comparado con Tognazzi y con Manfredi no viene nada mal. Y después… la sensación que tuve es que hubo un gran aplauso, un cálido aplauso. La calidez del aplauso es lo que me quedó como recuerdo. La película como que dejó a los espectadores con las defensas bajas, entonces el aplauso salió desde un lado muy afectivo.

_Esta película, al igual que El viaje hacia el mar, sucede fuera de Montevideo. ¿Cómo es esa experiencia para vos?

_A mí me genera una sensación de placer doble. Primero por estar descubriendo un lugar, porque si vas veinte días a Minas o cuarenta a Melo, estás conociendo esos lugares a fondo. Y después sucede que estás colocado todo el tiempo en lo que es la película. Sos el actor de la película. Estás al servicio de la película, todo el tiempo. No están la oficina ni las cuentas. Aunque entres y salgas en el personaje, estás siempre a disposición. Y eso suma placer.

Acá todo el mundo se dio la cabeza contra la pared varias veces. Yo me acuerdo cuando le daban a los empleados públicos un incentivo para que se fueran y florecieron los mercaditos de frutas y verduras en garage. Es esa cosa de pelearla y pelearla.

_¿De qué manera te acercaste a la dura realidad de los quileros?

_Cuando Enrique (Fernández), que escribió el guión y dirige, me llama para la película, me pasa un VHS con un par de testimonios de quileros respecto a lo que era la aventura del día a día trayendo el bagayo, de las temporadas en las que el cuartel permitía el paso. En la película misma trabajan algunos ex quileros. Estos tipos lo hacen en bicicleta o en moto, diariamente, para ganar cien pesos, que es lo que les permite vivir hasta el día siguiente. Es impresionante estar en la ruta, y de repente cruzarte con un tipo con doce garrafas en una moto. Es una imagen surrealista.

_En la película, más que una mirada surreal, parece haber una intención de comprobar hasta dónde puede llevar la realidad, que lleva a cierto extrañamiento. ¿Compartís esa sensación?

_Claro. Es que la propia realidad te come la cabeza. Es una realidad tan extraña, y a la vez es tan demencial… Esos tipos hacen sesenta quilómetros para un lado, y después hacen sesenta quilómetros para el otro, absolutamente cargados. Dicen que entre dos bicicletas han traído juegos de living completos. Y es real. Pero tan al borde de una lógica diaria, de una lógica conocida, que parece que fuera fantasía.

_¿Y tu personaje? Porque en un momento es querible pero después no lo es tanto, sobre todo en la relación con las mujeres… con su esposa y su hija.

_El personaje de Beto tiene los contrastes naturales de cualquier persona. En algún punto se parece a mi viejo. Era un tipo buenísimo, divino, con poca formación y con una lógica de aldea gallega. Me quería, era notorio que me quería mucho, pero de repente salía con una brutalidad. No controlaba. Esa forma de ser tiene contacto con el personaje del Beto, en eso de “quiero que vos no vivas mi vida”, pero para hacerlo, de alguna manera te violento, te paso por arriba. No es bueno ni malo, es un personaje que tiene contradicciones.

_¿Cómo maneja la derrota, que es el gran tema de El baño del Papa?

_Yo creo que no la termina de asumir. Y en eso, precisamente, Beto no es ni se siente un derrotado. Pierde una batalla, pero la guerra la sigue peleando. Y la película termina con un final bastante esperanzador, en el cual el tipo, a pesar de los pesares, va a intentar nuevamente. Me parece que es un poco…

_Es un poco lo que le pasa a Uruguay, ¿no?

_Claro. Es el Uruguay. ¡Bienvenido a Uruguay! Es esa misma cosa. Acá todo el mundo se dio la cabeza contra la pared varias veces. Yo me acuerdo cuando le daban a los empleados públicos un incentivo para que se fueran y florecieron los mercaditos de frutas y verduras en garage. Es esa cosa de pelearla y pelearla. Venderé lapiceras o venderé no sé qué, pero es no darse por vencido. Es lo que me parece que pasa con los uruguayos, sobre todo con estos uruguayos que están comprimidos a un lugar físico. Hay otros que emigran, que para buscarla emigran, y eso te pone otras condiciones.

_Entre esos que emigran está tu familia, que se fue a España y los reencontraste a la vuelta de Cannes…

_Ya había ido unos cuatro años atrás, con mi mujer y mi hija, en un viaje más largo, que mis padres y mis hermanos ayudaron a pagar. Y entonces, cuando me dicen del Festival de Cannes, aproveché la volada y metí cinco días en Galicia… Mi padre murió el año pasado, y está enterrado allá. Y nada, por lo menos quería ir al cementerio, estar ahí, hacer contacto con él. Bah, con el lugar físico donde está enterrado. Y llevar la película también, para que la vieran mi madre y mis dos hermanos.

_¿Tu padre era nacido allá?

_Sí. Y mi madre también. Soy hijo de dos gallegos.

_¿De dónde son?

_De Pontevedra.

Acá, por el momento, no hay tanta continuidad de trabajo. En el teatro sí tengo esa posibilidad, de elegir tal o cual personaje… porque me llaman para cuatro o cinco proyectos al año. Igual hay alguna gente en el cine con la que en principio no trabajaría. Pero eso va más por el gusto.

_¿Cuándo se vinieron? ¿Por los años cuarenta?

_Mi viejo se vino solo, a los dieciocho años. Y mi vieja se vino… bueno, primero vino mi abuelo, y después mandó llamar a mi abuela con sus dos hijas. Mi abuelo puso un bar en el que empezó a trabajar mi padre de mozo, y ahí conoció a mi madre. Se casan y tienen tres hijos… El primero de ellos es brillante, bonito.

_Y actor.

_El mismo.

_Y el actor se quedó en Uruguay. ¿No pensaste en hacer el camino a España?

_No sé si emigraría por un tema económico; sí lo haría pensando que están ellos allá y mi hija acá no tiene abuela. Pero yo, mal que bien, estoy haciendo una carrera de actor. Y emigrar para terminar laburando en un bar… no podría. Entonces me lo estoy tomando con calma: es una posibilidad, pero también está muy bueno lo que me está pasando acá.

_Ya llevás varios papeles importantes en cine, algo similar a lo que le pasa a Roxana Blanco en su carrera de actriz. ¿Cómo vivís esa nueva situación?

_Yo creo que es coyuntural. De hecho, es muy difícil que me sigan tocando protagónicos en películas uruguayas. Primero porque por guión no siempre va a haber un personaje de 44 años… Y aunque lo haya, hay otros actores que también juegan. Lo que me pasa con hacer cine es que lo disfruto mucho. Y disfruto de que quede un registro de actuación que mi hija verá dentro de veinte años. Eso está muy bueno. Y además, mal o bien, el cine paga, y sentís que hay un grado de profesionalismo.

_¿Lo de pensar de antemano en el registro, no condiciona la elección de los personajes?

_No, no me condiciona. Porque en el cine no elijo. Acá, por el momento, no hay tanta continuidad de trabajo. En el teatro sí tengo esa posibilidad, de elegir tal o cual personaje… porque me llaman para cuatro o cinco proyectos al año. Igual hay alguna gente en el cine con la que en principio no trabajaría. Pero eso va más por el gusto.

_¿En teatro cuáles son los personajes que más te marcaron?

_¿En teatro? Bueno, lo que hice con Roberto en Suárez-Troncoso. Eso como primer dato fuerte de teatro. Y después hubo obras que a mí me dieron mucho placer hacer. En cuanto a personajes, estrictamente, me gustó el trabajo que hice en El bosque de Sasha, con Roberto; El ejecutor, con María Dodera; el personaje de Frozen, con Mario Ferreira. Y también el personaje que hice en El método Grönholm.

_¿Cómo recordás aquel trabajo a dúo con Roberto Suárez?

_Fue… glorioso. Cuando encontrás a un tipo con el que te llevás bien, pero que además sintoniza contigo en cuanto a lo que querés hacer, es bárbaro. Y lo que comenzó en bolichitos, en espacios no convencionales pequeños, terminó transformándose en una bomba.

_¿Sentís que te has alejado un poco del humor, después del dúo con Suárez?

_En realidad no es que me haya ido. Las obras del propio Roberto, como Rococokitsch, tenían un costado humorístico. Después me fui corriendo porque las propuestas me fueron llevando para esos lados.

_Y está ese personaje, el que hiciste de Frozen.

_Es de las cosas más duras que hice. Era bien complejo y resolverlo también era un desafío. De alguna manera todos son trabajos que me sirvieron para probar zonas diferentes.

Pero este mecanismo, de la comedia, era desconocido para mí. Y generar ese personaje medio pelotudo, medio no sé qué en El método… me generaba miedo. A mí siempre me pareció interesante, para mí, actor, generar diversidad, intentar trabajar diferentes zonas. Los desafíos están en eso.

_Decías al comienzo de la charla que te había sorprendido gratamente el aplauso “afectivo” en Cannes, con El baño del Papa. Desde el escenario conocés varios tipos de aplausos… como los conmovedores silencios que provocaba cada función de Frozen.

_Eso era muy lógico, porque estábamos haciendo una cosa muy dura. Había gente que amaba la obra y gente que la odiaba. Había gente que se iba a la mitad, que no se la bancaba, por montones de cosas. Por estructura, porque toda la primera parte de la obra eran monólogos intercalados; y por contenido, porque era muy dura. Pero bueno, si pasaba eso estaba bien.

_Después viene la contracara… el éxito con la comedia El método Grönholm en el MovieCenter.

_Pero a mí no me quedaba claro eso del comediante. Porque si bien había tenido dos o tres obras con cierto corte humorístico, en realidad nunca había explotado esa veta. Me parece que lo cómico en la época de Suárez-Troncoso tenía que ver con una cosa más exagerada, más bruta, más de mecanismo. Pero este mecanismo, de la comedia, era desconocido para mí. Y generar ese personaje medio pelotudo, medio no sé qué en El método… me generaba miedo. A mí siempre me pareció interesante, para mí, actor, generar diversidad, intentar trabajar diferentes zonas. Los desafíos están en eso.

_Me queda una duda… ¿seguís resolviendo crucigramas?

_En verano siempre me compro una revista de crucigramas y la voy llenando de a poco.

_¿Llevaste alguna para el avión a Francia?

_No, para el avión llevé lectura y hojas para dibujar. Y nada… siempre escuché hablar del Festival de Cannes, así que cuando me dijeron “vas a ir ahí”, en realidad fue como ir a la Isla de la Fantasía… La perplejidad fue la tónica de mis cinco días en Cannes. Me fue bárbaro. Y ver la película ahí, estuvo muy bueno.

feed | Escrito por: Gabriel Peveroni
3 opinólogos dicen que...
  1. CECILIA dijo:

    Conmovedora pelicula, que muestra claramente la realidad uruguaya,
    Muy buen papel el de Cesar…me gustño mucho el papel de la hija.
    Todos buenos actores.

  2. LILIANA GARCÌA S. dijo:

    HOLA GABRIEL, SOY UNA ACTRIZ URUGUAYA QUE VIVO EN CHILE HACE 20 AÑOS, MI NOMBRE ES LILIANA GARCÍA. ESTAS LÌNEAS NACEN DE LA EMOCIÒN QUE ME PROVOCA TU ENTREVISTA AL ACTOR CÈSAR TRONCOSO,POR DOS RAZONES…LA MANERA DELICADA Y PROFUNDA DE PREGUNTAR Y EDITAR QUE TIENES, Y POR LA IDENTIFICACIÒN QUE SIENTO CON EL ACTOR POR COINCIDENCIAS DE LA VIDA PERSONAL Y PROFESIONAL. PERO EN REALIDAD LO QUE MÀS ME MUEVE ES COMPROBAR UNA VEZ MÀS, QUE POR CASA ,EL PERIODISMO DE ESPECTÀCULOS (ASÌ SE LO LLAMA POR ESTOS LADOS),SIGUE TENIENDO TAN BUEN NIVEL. ME COSTÒ UN POCO ATREVERME A ESCRIBIRTE, PERO DESDE HACE UN TIEMPO ESTOY DICIENDO LO QUE SIENTO A LAS PERSONAS QUE DESDE LAS COMUNICACIONES AYUDAN A QUE ESTA CORTA Y MUCHAS VECES DIFÌCIL EXISTENCIA, SEA UN POCO MÀS BELLA.
    AFECTUOSAMENTE UNA URUGUAYA ALLENDE LA CORDILLERA…
    LILIANA GARCÌA S.

  3. santiago dijo:

    Bueno estoy suscripto a la revista y este articulo me provocó ir a ver la película. La verdad que me encantó la película…y más la disfruté habiendo leído esto antes, pues iba asociando y recordando cosas mientras la veía.
    Gracias y suerte,
    Santiago.

Dejá tu comentario


revista
La tapa
Busqueda
Anunciamos