La bomba de tiempo
»7.30 pm. Barrio de Almagro.
»La frase: “Nuestras manos no paraban de percutir la mesa”
»Por Lisandro Aristimuño
7.30 pm. Barrio de Almagro. Me dirijo a escuchar a unos chicos que dan un espectáculo de percusión, cerca de casa. La invitación me parece genial, sobre todo para lograr que un lunes no se haga tan rutinario y aburrido. Desde algunas cuadras antes de llegar se escuchan los graves que retumban desde el escenario. Centro Cultural Konex. Afuera, en la vereda, me cruzo con gente muy simpática. Algunos venden pastelitos y pan casero.
Entro y me encuentro con dos mil personas, de todas las edades y tamaños, la gran mayoría bailando con los ojos cerrados, todos al ritmo de este grupo de percusión llamado La Bomba de Tiempo. En las tablas estaban ellos. Sonriendo y sin perder de vista a su director, Santiago Vázquez, gran percusionista y músico de Buenos Aires que además de formar parte de Puente Celeste (una banda hermosamente armoniosa) y haber editado su disco por el sello Los Años Luz (Ramón, 2004), es el director de este grupo de talentosos percusionistas argentinos.
Los integrantes de La Bomba practican la improvisación, dirigida mediante un sistema de señas con las que Santiago organiza y genera reacciones específicas, convirtiéndose en composición en tiempo real. Dicho sistema de señas fue creado por el director, y parte de su experiencia anterior con el Colectivo Eterofónico (una orquesta de improvisación también dirigida con señas).
El espectáculo explora lo rítmico y lo temporal: se trata de componer en tiempo real, sin repetirse, ritmos equilibrados que parezcan tradicionales, y lo más interesante de todo esto es que cada vez que se presentan los acompañan grandes músicos como invitados: Liliana Herrero, Javier Malosetti, Lito Vitale, Hugo Fatorusso.
Algo que también resulta de interés es que antes del arranque de La Bomba de Tiempo, se imparten talleres de percusión para el que quiera ir a tocar, aprender y sentir el placer que se da cuando un grupo de gente se conecta y toca tambores.
10.30 pm. Salimos a tomar algo con amigos, a un bar del barrio. Nuestras manos no paraban de percutir la mesa. La conversación de este lunes no era igual a la del lunes anterior, es que La Bomba le había puesto ritmo y felicidad.

